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martes, 1 de noviembre de 2016

El enemigo


 Andarica de Tazones
(Para que no se lastimen peleando, máncales la pinza)

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    No sé si un día podré perdonar a mis contemporáneos que me hayan tenido el puente de Todos los Santos (“Tosantos”, decían los Costus) estudiando el folio de Rufián en busca de una nota de interés. Al lado de lo de Guerra a Suárez o de Madina a Acebes, lo de Rufián suena a Joselito en “El ruiseñor de las cumbres”.

    En ese folio Rufián acusa a los socialistas de traicionar a los obreros, lo que sulfura a Madina, aquel de “¡Basta ya de esa España de Bernarda Alba! ¡Por favor, Olvido (Hormigos), no dimitas!” Hombre, también a Rajoy se le calentó un día la boca y los acusó de traicionar a los muertos.
    
Yo creo que este ruido mediático con Rufián se debe a la necesidad de tener, a falta de una oposición, un enemigo (la política consiste en la distinción amigo y enemigo), y el escogido es Rufián por su mala educación, cosa no tan rara en la Esquerra, ¿o es que nadie ha leído las peripecias tribunicias de Santaló en las crónicas de Fernández Flórez?
    
Rufián sólo es un friqui, con más modales de reponedor del Sepu que de tribuno de la plebe, y si Rajoy quiere ser el San Jorge que ahora todos dicen que es tendrá que buscarse un dragón a la altura. 
Aceptemos que la mala educación de Rufián supone un peligro: entonces, ¿por qué la primera víctima que PP y PSOE echan a la lumbre del Consenso es la Reválida? Primero quitan la Reválida y luego se quejan de los Rufianes.

    En Berlín los americanos necesitaban algún enemigo de nivel intelectual y el general Lucius D. Clay, algo bruto, mandó a detener a Carl Schmitt para intentar endosarle, por su doctrina de los grandes espacios, la autoría intelectual de las guerras de conquista del Reich. Pero ¿qué le endosamos a Rufián? ¿Enaltecimiento del analfabetismo?

    Me deprime que España, cuyos regímenes políticos tuvieron de enemigos a Francisco de Francia, a Isabel de Inglaterra, a Lutero, a Cromwell o a Napoleón, se paralice ante el responso por el socialismo de Rodiezmo de la Tercia (Rudermu) de un tal Rufián.