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domingo, 13 de noviembre de 2016

11 de noviembre


El monolito de mi pueblo

Jean Palette-Cazajus

 Si el 11 de Noviembre amanece con cielo azul, cosa afortunadamente inhabitual, a mucha gente en Francia le parecería desplazado. Ayer, como dice la gente, “hizo un tiempo de 11 de Noviembre”,  idealmente gris, triste y lluvioso. Cada año, en esa efeméride se conmemora el final de la sangrienta Primera Guerra Mundial. Siempre que pueda, suelo acudir al pequeño acto recordatorio celebrado en el monumento a los caídos.

No hay un solo pueblo francés que no cuente con su monumento conmemorativo. Más o menos impresionante, según la importancia de la ciudad,  más o menos acertado estéticamente. El de mi pueblo es cuantitativa y cualitativamente modesto. Tras el pequeño acto conmemorativo me fui a por pan al pueblo colindante, algo más presumido, y de paso saqué una foto. Su monolito es indudablemente más presentable que el nuestro.

Se me olvidó hacer fotos del modesto acto. Como cada año desde que yo era niño, el ritual es inmutable : el director del Colegio Público lee la lista -larga- de los caídos y tras cada nombre una representación de niños de las escuelas salmodia: “Caído por Francia”. Al final, cantamos la Marsellesa y luego nos vamos a tomar un vino o un vermú al “centro de encuentro” municipal.
 
Más "pintón" el de los vecinos

Cuando yo era niño acudía mucha más gente. Todavía sobrevivía la gran mayoría de los “poilus” como se los conocía. El último superviviente francés murió en 2008, con 110 años. Pero en aquellos años formaban todavía un grupo numeroso y casi totalmente bigotudo. Entre ellos mi abuelo paterno. Aquel día, olvidados los capones que a veces se le escapaban, yo lo contemplaba, allí entre sus compañeros de fatigas, con histórica admiración.

Nunca contaba nada de aquella tragedia. Me enteré más tarde que esto fue lo habitual.  La mayoría entendió que la experiencia de las trincheras había sido demasiado traumática y brutal para que pudiera ser vehiculada por la inanidad de las palabras. Alguna vez, en mi presencia, algún antiguo compañero de armas y él podían evocar el tema. Yo ponía cien oídos. Pero sólo eran sobreentendidos, frases truncadas siempre seguidas de largos y densos silencios.

La de 14/18 fue la última guerra exclusivamente entre ejércitos. Millones de combatientes en cada lado. La última guerra que no castigó, voluntariamente, a los civiles. Bueno, pienso que a los alemanes se les fue la mano en varias ocasiones en Bélgica y en el norte de Francia, pero ni puedo, ni quiero en este caso, ser objetivo. Hoy en Siria tenemos el nuevo caso de escuela, el de un país arrasado, una población civil dispersada y martirizada por efectivos combatientes que sólo se cuentan en miles. Hoy las bajas son, básicamente, civiles. En Iraq, la actual batalla por Mosúl puede durar meses y su coste de bajas y destrucciones “colaterales” será sin duda terrible.


Firme la mirada de nuestro "poilu" hacia el Este