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martes, 22 de noviembre de 2016

El "Emilio"



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Lo bueno de que te cuenten el 78, por si a uno lo cogió con copas, es que te enteras de cosas. La mejor, ésa según la cual todo empezó cuando Fernández-Miranda, ante la nueva situación, envió a su secretario a la Cuesta de Moyano a adquirir un ejemplar de el “Emilio” de Rousseau, un “situacionista” de libro.

Si se trataba de traer una democracia, lo suyo, pensamos, hubiera sido ir por un ejemplar de “El Federalista”, biblia de la democracia representativa inventada por Hamilton en discusión con Madison y Jay con la guía de Montesquieu, quien sólo triunfó en América.
En Europa, la Revolución francesa (reaccionaria en sus causas y consecuencias) prescindió, por pasado de moda, de Montesquieu, que era el subversivo, y se abrazó a Rousseau.

Contra la libertad de Montesquieu, la igualdad de Rousseau.

El caso es que en España, país de Demócratas de Toda la Vida, nunca se leyó “El Federalista”, que no sé si ya ha sido traducido al español, aprovechando el tirón del musical en Broadway sobre Hamilton, cerebro político, económico y militar de George Washington, y a quien Obama (¡Obama, no Trump!) quería cortar la cabeza en los billetes de diez dólares.

Sin embargo, fue ante el vicepresidente electo Mike Pence, que este fin de semana había ido a verlos, con quien los actores (“cañas huecas”, al decir de Diderot), demostrando no haber entendido nada del personaje que interpretan, cometieron una grosería muy de gala goyesca, leyéndole la cartilla: un folio con sus temores a que Trump los deje sin padres, sin hijos, sin derechos y sin planeta.

Pence, pintado como un lobo hobbesiano por el “agit-prop” mediático, fue recibido en el teatro con pitos y aplausos, y su respuesta no pudo ser más hamiltoniana:

I nudged my kids and reminded them, that's what freedom sounds like.
Es decir, que un viernes por la noche, en Broadway, en la representación del musical sobre Hamilton, el único comportamiento hamiltoniano fue… ¡el de Mike Pence!