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sábado, 27 de marzo de 2010

TIENE NOMBRES MIL...

Jorge Bustos

Norrie May-Welby nació hace 48 años con su méntula y sus dos adláteres, o sea, con todos sus atributos o fruto en la ingle que diría Hernández el poeta, pero Norrie no se sentía varón, qué le vamos a hacer. Crecía y crecía y seguía sin sentirse del todo macho, así que cuando cumplió 28 primaveras se cambió de sexo. Pero los quirófanos intervienen tejidos celulares y no articulaciones psicológicas o sentimentales, así que Norrie salió de la clínica con su empanada mental intacta. Que tampoco se sentía mujer, vaya, pese a la emasculación que le habían practicado (uf). Bien. Puesto que el bueno (¿buena?, ¿buene?) de Norrie había nacido en Reino Unido, pero se crió desde los siete años en Australia, igual acabó preguntándose, ya que no varón ni hembra, si sería un canguro, mas despejaría pronto la duda al constatar la ausencia de bolsa marsupial en su bajo vientre. Fue entonces examinada (¿examinade?) por varios médicos, al parecer todos ellos lectores de Simone de Beauvoir, y ninguno pudo determinar el sexo de Norrie. Así que se ha modificado su partida de nacimiento para definir a Norrie como “neutro”, o sea, que habrá que rescatar la desinencia latina en -um para nombrarlo.

“Los conceptos de hombre o mujer no se ajustan a mí. La solución más sencilla es no tener ningún tipo de identidad sexual”, asegura Norrie, cuyo nombre se parece mucho al apellido del gran Chuck Norris. Si Chuck Norris es el único hombre capaz de quemar una hormiga con una lupa... de noche, ¿por qué Norrie no podría ser unum? Y como temo que me llamen tránsfobo, que es el palabro para designar el último tipo penal instituido por la Inquisición de progreso -fecunda en neologismos-, me encojo de hombros y recurro al viejo dicho popular: “Tiene nombres mil, / tiene nombres mil, / ¡el miembro viril!”.

(Publicado en Época)