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martes, 23 de marzo de 2010

CÓMO HA DE SER LA BUENA ESTOCADA

Al aficionado Alfonso Palacios,
perspicaz oteador de estocadas

José Ramón Márquez

Me hizo gracia leer el otro día una tontería publicada por un crítico a cuenta de una estocada ‘perfecta’ de José Tomás que provocó vómito en el toro. Por chinchar a un contrincante, sale el revistero con un párrafo de desecho de tienta que reza así:

El profesional del periodismo debería distinguirse, gustos al margen, por la objetividad. Y sobre todo por el rigor. Una estocada arriba no puede confundirse con una ‘estocada fea y baja’, con un ‘bajonazo’, ni con una ‘estocada caída’. JT le partió la madre y el corazón al jandilla por derecho.

Como no vislumbro mucho rigor en la apreciación del revistero, traeré a colación, con el fin de enseñar al que no sabe, el magisterio de Paco Montero, publicado bajo el título de Un poco de ciencia en El Ruedo, número 45 de 18 de abril de 1946. El envío se lo debo a la minuciosidad del gran aficionado que es D. Juan Galacho.

¿CÓMO HA DE SER LA BUENA ESTOCADA?

Un tema siempre en auge en las discusiones taurinas es la estocada. ¿Cuál es la verdadera y acertada? ¿En qué sitio ha de darse? Veámoslo ahora, cuando todavía el toro no ha salido y aún se está en los primeros tanteos de la temporada. Se dice y se discute -febrilmente- que la buena estocada es la que cruza el corazón del toro. Y Pascual Millán -graciosamente y muy diestro en la defensa de los fueros de la estocada- nos va a ayudar aquí a esclarecer el problema.

Y dice:

-Empezando con Montes, en su Tauromaquia completa, y acabando con nuestros actuales revisteros, todos hemos dicho muchas tonterías al hablar de ello.

Y Millán, para probarlo, trazaba el grabado que ilustra esta crónica. Y en él, en efecto, se ve que una estocada que atraviesa el corazón, situado en (C), sigue la línea D – E, y la que parte la ‘herradura’ (si así se llama a la intersección de la carótida primitiva (c), la aorta posterior (a) y el corazón (C), es decir, la línea F-G, estocada que, a pesar de Montes y todos los teóricos, es el infamante ‘golletazo’.

Claro está que Montes, en su tratado, defendía el golletazo, del que decía: “Las estocadas por bajo nunca son del mérito que las de por alto; pero en muchas ocasiones se deben dar y se llaman generalmente ‘golletes’, y matan rápidamente al toro porque entran por el pecho al toro y le atraviesan los pulmones”.

¿Cuál será entonces, mirada en el gráfico, la buena estocada, perfecta en su travesía anatómica? La señalada con la línea A-B, que entra por la misma cruz, rompe la aorta posterior y corta prontamente la vida del toro. Como es lógico -observaba Millán- esta estocada requiere muchos riñones y, en frase de Armilla, necesitaba “mucha arbeliá”. Ha de entrar la cabeza del toro bajo el ámbito vital del torero, y al ser colocada la espada arriba, el diestro ha de cruzar limpiamente para que la travesía del estoque cruce rectamente la aorta. Del mérito de esta estocada habla con gran expresión el segundo gráfico que insertamos en esta crónica, en el que puede observarse minuciosamente la construcción ósea del toro: un verdadero aluvión de vértebras y costillas. El estoque debe entrar por el hueco -precisamente- que haya entre el omóplato (O) y una de las vértebras y luego por entre dos costillas, según la línea H-I.

Esto, además, hará ver al curioso lector y aficionado que las grandes estocadas no se improvisan ni tienen el escaso mérito que en muchos casos se les otorga. La buena estocada -hecha con guapeza y estilo, sabiendo bien por dónde el estoque entra y con qué precisión hiere el acero- es el mayor mérito que puede adornar una gran faena.
Por esta falta de destreza los ruedos están acribillados de estocadas perpendiculares, caídas, atravesadas, bajas, etc. ¿Comprenden ahora los lectores cómo no era ninguna tontería aquella frase famosa que algunos atribuyen a Lagartijo? El famoso diestro de Córdoba decía:

-Pá matá toros, hay que partí muchos canastos antes.

Los mimbres serían las vértebras. Y seguiremos.