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jueves, 25 de agosto de 2011

Zetapé y el guante Varadé

La Fornarina

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El “icono emblemático” (creo que ellos lo llaman así) de la cultura zapateresca, lo que la resume en un golpe de magnesio, son los macarras laicos pegando a los monaguillos imberbes en la Puerta del Sol.

Eso, porque venía el Papa. Ahora que vienen las elecciones que ponen en juego su destete presupuestario, no sabemos qué pueden hacer.

El pasteleo judicial neoyorquino que deja sin cargos a DSK da alas al “agit prop” carpetovetónico, que, sólo por que no se hable de los cinco millones de parados del zapaterismo y su cerebro, Rubalcaba (“cráneo privilegiado” del esperpento español), tiene al periodismo empleado en echar a Mourinho y reformar la Constitución.

Lo de Mourinho es importante, pero no nos cabe en este folio.

Lo de la Constitución es irrelevante, y por ello el mayor latazo que nos van a dar.

Ésta es la primera vez que la Constitución, después de otras nueve, es un trato entre gitanos señoritos... y la operación ha consistido en meter cada cual lo que ha podido... con la misma vaselina que la de “El último tango”.

Eso decían los analistas políticos de la Constitución.

Y más cosas:

Que ésta es la primera Constitución que se ha “tratado” en un restaurante mediante dos comensales: Fernando Abril, ingeniero agrónomo, que hacía los surcos, y Alfonso Guerra, director teatral, que ponía las amapolas.

Que ésta es la primera vez que la Constitución no es como una Biblia, sino como un artículo de Carrillo en “Mundo Obrero”, una conferencia de González en el Club Siglo XXI, un mitin de Fraga en Lugo y una intervención de Suárez en Televisión Española.

Todo esto batido es como la Constitución punk.

Porque ésta, se explica, puede ser interpretada por cristianos, herejes, cismáticos, mormones, anabaptistas, mamelucos, maurrasianos, marxistas, marcusianos y fascistas, y cada uno de ellos podrá gobernar “constitucionalmente”.

La Constitución es como un fabuloso “guante Varadé”, antes de que se suicidara La Fornarina.

Que hoy es Zetapé (y que nos perdone La Fornarina, mujer que representaba al “pueblo aspirando a más alto espacio estético”), cuyo legado estético más ilustrado es la estampa del macarra y el monaguillo.

Es, en fin, según se decía, la primera Constitución que se fía del Rey, al que no obliga a jurar, como la de Cádiz, que defenderá la religión católica, apostólica, romana...

¿Y quieren reformarla para introducir el deseo de bolinga en Año Nuevo de que las Autonomías gasten menos?...

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