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lunes, 15 de agosto de 2011

Callar o no callar



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Volvió Mourinho, lo que supone el fin de casi todos los problemas para el periodismo español, que vive de escandalizarse, como los gansos capitolinos.

Tenemos un país arruinado, pero el jefe del gobierno, que se declara culé sólo por fastidiar en Madrid, “la provincia traidora”, yace en Doñana, víctima de una depresión como la de Tony Soprano cuando se le volaron los patos.

Tenemos un país acojonado (el adjetivo es universal), y el comisario político de los futbolistas, Rubiales, monta una huelga que secundan Puyol y Casillas, mientras Javi Poves, un defensa del Sporting criado en el Manzanares, dice que el fútbol sólo es corrupción, lo deja todo y marcha al desierto de la Tebaida.

Lo de Rubiales no tiene pase. Quiero decir que tiene menos pase que lo de los liberados de la Ugeté que habían convocado la huelga de Metro para molestar en la visita del Papa. Si Rubiales pensara lo que dice, se iría con Javi Poves. Y Puyol y Casillas también. Casillas, porque es del Madrid y en el Madrid no se puede ser tan canelo. Y Puyol, el antitaurino cuyo sueño es montarse un safari en Suráfrica, porque es catalán y ningún catalán puede permitirse semejante gasto (el gasto de la huelga, no el del safari).

Rubiales es un sindicalista de militancia bética que, sin embargo, tiene la gracia donde pican las avispas. O donde Iniesta cuando dice “Kalise para todos”.

Y en éstas, Mourinho reaparece en Madrid para decir que a él no lo calla nadie, que es proverbial orgullo portugués, aunque suena a chulería madrileña: la de nuestro padre Quevedo, que no ha de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, “silencio avises o amenaces miedo”.

Mourinho, en efecto, es portugués, pero trabaja como un alemán, y eso en España escandaliza como la salud en un hospital. Las viudas de Valdano, como el Ekáizer del balompié, agotan los manuales de psicología argentina para encharcar a Mourinho, que ha llegado a la primera batalla de la temporada contra las Desdémonas de Verdi... ¡con ventaja!, al decir del tabarrón mediático.
¿Ventaja... por qué?

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COENTRAO O DI MARÍA

Se parecen como un huevo y una castaña, pero pelean por el mismo puesto. El juego de Di María es una batería de fuegos artificiales. Coentrao, en cambio, encarna la versatilidad, concepto que hasta no hace mucho sólo se aplicaba al amor de las mujeres, como resumía aquella canción de “la donna é móbile, qual piuma al vento”... Bueno, pues “móbile”, ahora, es Coentrao, y el capricho costó treinta millones, que no deja de ser una broma al lado de lo que en Barcelona pagan por sus propios canteranos. Creo que, al final de la temporada, Coentrao sumará más minutos que Di María.