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miércoles, 17 de agosto de 2011

El huevo del laicismo español

Nakens Pérez, el Pepe
del simpático antipapismo hispánico

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Los políticos vuelven a Madrid perdonando medio mes de agosto en la playa, aunque no lo hacen por un sentido patriótico de la crisis económica, sino por ver de agarrar algo de la publicidad que genera la visita del Papa.

En campaña electoral, una foto acaricia el corazón de los políticos como los cheques de la señora Claypool acariciaban los bolsillos de Groucho en “Una noche en la ópera”, pues en política, como bien astutamente nos ha recordado Enrique García-Máiquez citando a Adorno, lo que no es teología es comercio.

La protesta del 15-M contra la visita del Papa a Madrid con motivo de la JMJ hay que entenderla: es en defensa propia –escribe García-Máiquez–. El cristianismo es el gran movimiento de regeneración del mundo y les deja en evidencia.

El Papa de Roma ante los “albigenses” de Sol.

Sobre las asambleas de cuatro gatos albigenses que reorganizan en nuestras plazas la política mundial y las finanzas internacionales, el fogonazo de magnesio chestertoniano:

La debilidad de todas las utopías es que toman la mayor dificultad del hombre y la dan por vencida, y entonces dan un complicado informe de cómo pueden vencerse las dificultades pequeñas.

En cuanto a las citas de esta indignación española contra la visita papal, la verdad es que parecen extraídas de la biblioteca del yate de veraneo de Messi y Alves en Formentera. La más recurrente es la de los impuestos. “No con mis impuestos.” ¡Qué fervor más repentino por los dineros públicos de gentes acostumbradas a beberse el agua de los floreros ajenos! Que tampoco tiene uno que haberse leído el Touchard para darse cuenta de que en este tranvía de cremallera que es la democracia liberal (unos suben y otros bajan), la derecha está para llenar la hucha, y la izquierda, para vaciarla.

No con mis impuestos.

Eso, y las techumbres de Sol: los grandes vehículos que entrarán en Sol con la logística papista pondrían en peligro el techo del Metro..., según los propios informes racionalistas de los indignados profesionales.

¡El racionalismo!

Nuestra racionalidad laica no es comprensible para toda “ratio”: su evidencia está ligada a determinados ámbitos culturales y no es reproducible en el conjunto de la humanidad y, en consecuencia, tampoco puede ser plenamente operativa a escala global. La llamada “ética mundial” sigue siendo una abstracción.

Es lo que dijo Joseph Ratzinger a Jürgen Habermas (“el exponente más conocido de la visión laicista del Estado”) en el coloquio que en enero de 2004 organizó en Munich la Academia Católica de Baviera ante un público “escogido” de filósofos, politólogos y teólogos entre los que, por cierto, no se encontraban ni Punset ni Castells, que profesan el racionalismo cartesiano fundado el 10 de noviembre de 1619.

X Novembris 1619: cum plenus forem Enthusiasmo, et mirabilis Scientiae fundamenta reperirem.

Ésa es la nota íntima de Descartes, que creó el soleado racionalismo desde la penumbra de un sueño extraño...

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