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martes, 26 de julio de 2016

Tocqueville




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La democracia es, lo mismo que el cine, un fenómeno exclusivamente americano.

    La democracia tiene a su Homero en Walt Whitman y a su Cervantes en Alexis de Tocqueville, aunque no sé de un solo demócrata de los de toda la vida capaz de citar un verso de Whitman o un pensamiento de Tocqueville. (Una vez oí mencionar el nombre de Tocqueville en la TV: un tertuliano lo nombró “padre de la Constitución americana”.)

    Schmitt tiene a Tocqueville por el más grande historiador del XIX, pues no incurre en el histrionismo de su siglo.

    –No se sienta junto al buen Dios en el palco real del teatro universal, como el gran Hegel. Es un moralista en el sentido de la tradición francesa, como Montesquieu, y a la vez, un pintor en el sentido de la concepción francesa de la “peinture”.
    
Lo que lo hace único entre los historiadores es el gran pronóstico que cierra el primer tomo de su “Democracia en América”: el de que la humanidad ha de seguir, irresistiblemente, el camino hacia la democratización, y designa las fuerzas históricas que han de imponer esta evolución: América y Rusia.

    Pero Tocqueville fue un vencido: como aristócrata (derrotado en la guerra civil), como liberal (atropellado por el terror del 48) y como cristiano (perdió la fe a los 16 años).

    –C’est un vaincu qui accepte sa défaite –dejó dicho Guizot.
    
Tocqueville también estudió “a fondo” el Corán, “por nuestra posición ante las poblaciones musulmanas de Argelia”.

    –Es difícil conseguir un compromiso más hábil entre el espiritualismo y el materialismo, entre el ángel y la bestia. El Corán no es más que eso.
    
Que su religión sea verdadera es útil al individuo, no a la sociedad, que nada ha de esperar de la otra vida: le importa, no que los ciudadanos profesen la religión verdadera, sino que profesen una religión.
    
Sólo Tocqueville (léanlo, que es verano) supo ver que el islam no predominaría en época de luces y democracia, y que el cristianismo estaba llamado a regir en estos siglos.