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viernes, 22 de julio de 2016

Apaños


Lutero

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Un apaño pepero con el separatismo catalán para unos recados en el Congreso desconcierta a los partidarios de Rajoy, que no acaban de cogerle el aire al sistema.

    Ese apaño sería un secreto de Estado, o, en la terminología de Naudé (léanlo, que es verano), un “golpe de Estado”. De Estado de Partidos, naturalmente, con lo cual tampoco hay por qué preocuparse.

    En una democracia legisla la Nación, pero ésta en España no tiene nada que hacer, porque de legislar también se encarga el Estado (el Boletín Oficial es del Estado, no de la Nación, y nadie lo ha cambiado).

    Los nacionalistas catalanes no conciben ninguna Nación (sentimiento, además, menoscabado por el sistema proporcional), y el resto de los españoles, tampoco, o nunca hubieran incluido el concepto “nacionalidades” en la Constitución; conciben más Estado, que es lo que han mamado, con su oficina de recaudación, su ejército, sus embajadas y, lo mejor, sus nóminas. ¡Una nómina del Estado! ¿Se conoce otro ideal español más elevado desde el 98?

    Mas estábamos con Rajoy.

    –¡Dios hubiese querido que ese gran emperador Carlos V, que tantos otros “golpes de Estado” había llevado a la práctica, no se quedara tan corto en el que se debía haber realizado contra la persona de Lutero!
    
Eso dice Naudé, partidario de haber comprado a Lutero (“con alguna suculenta prebenda, como se ha hecho después con los más doctos ministros”), cosa que no hizo el emperador porque, a su juicio, decidió servirse de la herejía luterana para dividir y debilitar a los príncipes alemanes, que, unidos, podían impedir el proyecto de la monarquía universal del césar Carlos.

    Desde la primera (¡y última!) revolución democrática, que fue la americana, todo han sido revoluciones para volver al Antiguo Régimen, que es donde estamos. Vale que Homs no es Lutero y que Rajoy no es Carlos V, aunque lleve mandando en el PP casi lo mismo que el emperador en el Sacro Imperio Romano Germánico. Pero es julio, hace calor y hay que matar el rato.