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miércoles, 20 de julio de 2016

Nuevo andalucismo

 Jornaleros de El Coronil

  El pueblo de Diego Cañamero

Educación en Barbate

Francico Javier Gómez Izquierdo

       “Lo que se ve en Barbate no se ve en ningún sitio”, dicen los barbateños. Ya sé que no es frase lapidaria, porque lo mismo he oído decir de Burgos a los burgaleses, a los cordobeses de Córdoba ó a los madrileños de Madrid, pero en Barbate hay hoy un alcalde nacionalista, extravagante  circunstancia imposible ya de encontrar en tierras andaluzas, al que se le ve por la calle querido por “la gente”, o a  mí me lo parece.
     
En las últimas elecciones municipales los últimos andalucistas enterraron al Partido con la discreción que les obligaba la falta de adeptos, pero en Barbate, asqueados de tanto pepé y sobre todo de tan ruinoso pesoé, los barbateños votaron andalucismo porque Miguel Molina parecía un hombre bueno. En su bondad poco avisada y nada conspiradora, no se enteraba de que el andalucismo de la mano blanca sobre fondo verde había dejado de existir en el mundo.
    
El nuevo andalucismo asalta supermercados, ocupa tierras que no son suyas y convierte en héroe a cualquier delincuente que fuerza voluntades, golpea prójimos y prójimas y aspira a cobrar un jornalito sin trabajar. El nuevo andalucismo pide tierra y libertad de boquilla, pero lo que de verdad quiere es cobrar de los presupuestos. Sin trabajar, porque no hay trabajo, y es desgracia de la que no tiene culpa. ¡Ah! Si sale faena, uno de esos héroes dispuestos al martirio de la cárcel presenta la lista de jornaleros al patrón -el señorito-, que se va renovando conforme se completen las peonás. Jornaleros hay que se las hacen al primo que está en el talego y a la hermana que está malita, la pobre. Enfrentarse al nuevo andalucismo puede suponer que, como ha pasado cerca del pueblo del Ché Guevara de Jaén, cuatro ó cinco mozuelos menores de 18 años, sierren por el tronco un centenar de olivos. En vandalismo juvenil creo que quedó la cosa.

     Esta mañana, cuando he visto la foto del líder Cañamero ( “..por imperativo legal, por la gente, por Andalucía” deliraba Su Señoría Don Diego, que espera lograr para los suyos como diputado lo que no consiguió como alcalde en El Coronil) llevando en el pecho al Congreso, como si fuera de perol, uno de los rostros del nuevo andalucismo, me he acordado del Miguel Molina, el alcalde  de Barbate al que la Junta de Andalucía no sólo no respeta, sino que le está haciendo la vida imposible. ¿No está amenazado de multa millonaria por un festival celebrado en el pueblo hace quince días y donde no hubo el mínimo mal modo? ¿No quiere la Junta de doña Susana que a Barbate le salga por un ojo de la cara la buena convivencia entre los barbateños y los quince mil visitantes que acudieron a escuchar música y de paso hacer un poco de gasto en una población deprimida y olvidada en la que gobierna un partido que ya no existe? ¿Será verdad que doña Susana es fortísima con los débiles y cobardísima con los que se le ponen flamencos?
     Don Miguel, póngase una camiseta con un barco hundido, plántese en San Telmo y con muchas voces cántele a doña Susana las verdades de Barbate. En Andalucía, don Miguel, ser educado es tontería.

   Imágenes: Jornaleros de El Coronil. El pueblo de Diego Cañamero
                     Educación en Barbate.