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martes, 12 de julio de 2016

El jamón



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Más que la final de la Eurocopa o este calor omeya de Madrid, lo que me ha quitado el sueño es ese jamón (¡el verdadero I+D de España!) que Rajoy regaló a Obama.
¡Otra vez la rumba bailada alrededor de un jamón!

Rajoy es gallego y no sabe nada de jamones, pero presentarse con una pata de cochino bajo el brazo es la forma ibérica de decir que hay dinero de bolsillo. De hecho, Obama vio el jamón y exclamó: “¡Enhorabuena por esa recuperación económica!”

De jamones saben en Sevilla, donde la taberna más modesta sirve dos cosas que nunca fallan: el jamón y el café.

A Gustavo Bueno lo impresionó un hotelero sevillano que presumía de filósofo, y su filosofía se resumía en tres palabras: jamón, jamón y jamón.

No niego que allí hubiese filosofía, pero el individuo no sabía lo que decía, porque la importancia del jamón es que elimina a todos los moros: es una filosofía españolista frente a la yihad, que no come jamón.
Si Obama hubiera pasado por Sevilla, se habría puesto tibio de jamón, y Rajoy hubiera tenido que mandar a María Soraya a la plaza por un pulpo “á feira”, o algo de androlla, más roxones y, desde luego, percebes de veinticinco uñas, como los que Olano llevaba a Picasso en la Costa Azul.
Cuando Zapatero fue a visitar a Obama con las niñas (nunca volvería a ser el mismo Obama), puso a sus sabuesos a buscar, por tres mil euros, “algún grabado de Picasso”, que ésa era su idea de los mercados del arte.

Siete años más tarde, la América decadente de Obama se hace un selfie con el jamón de Rajoy mientras la España emergente de Snchz, Pablemos y Rivera se hace un selfie con Obama. Pablemos quería “hablar de política” con él, ponerle al corriente de las cosas de Izquierda Unida, pero Obama ya se había quedado con el jamón de Rajoy tan nota como aquel camarero de Carabanchel Alto que, cortando jamón (¡un jamón ullanesco y paranormal!), se encontró en su cóncavo seno un rostro de barba teñida y mueca compungida.

¡Ay, Jesús, no me digas más!