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miércoles, 27 de julio de 2016

¡El enemigo conocía la fecha de su muerte!


 En Notre Dame

En el Arco del Triunfo

Jean Palette-Cazajus

La muerte atroz de un sacerdote, degollado en su propia iglesia por dos siniestras alimañas, no debe suscitar unas reacciones «distintas». Somos muchos los que no nos movemos en los territorios de la creencia. Una actitud diferencial supondría una insoportable discriminación ontológica hacia las otras víctimas, las de Charlie-Hebdo, las del Bataclan, las de las terrazas, las de Niza, el matrimonio de policías de Magnanville y otras víctimas solitarias apenas mediatizadas. El retorcido mensaje escrito con la sangre del Padre Hamel no desdice la igual dignidad de todos los supliciados.

Nadie lo explicó mejor que Nietszche, los peores no son los fuertes, sino los resentidos, los que se saben ontológicamente inferiores.

En las ideologías totalitarias, el comunismo, el fascismo y, ahora, la peor de todas, el islamismo planetario, lo más gratificante no es la meta ideológica, sino la voluptuosidad del odio mortal hacia el discrepante y la necesidad interior de eliminar el Otro.

Los medios franceses, «para no enconar las cosas» suelen hacer la vista gorda sobre las pequeñas y grandes humillaciones cotidianas de que son víctimas judíos y cristianos en las numerosas barriadas donde reina la autoproclamada «religión de paz».

Ya sabíamos que en cualquier momento les iba a tocar a iglesias y sacerdotes En Abril de 2015 se detuvo a un desalmado que había matado a una joven para robarle el coche. Con tan mala pata que se disparó una bala en el pie. El gilipollas llamó a los Servicios de Asistencia. (Los buenos creen que no hay malos, por eso los malos pueden vivir de los buenos ). Así fue cómo la policía pudo enterarse de que la intención del corderito era entrar a saco con su Kalashnikov en la iglesia de Villejuif, inmediato suroeste de Paris, a la hora de misa mayor.

Me asombra la sangre fría y la serenidad que sigue mostrando la sociedad civil. No dudo de nuestra superioridad moral y cultural, lo digo mirando a los ojos. Pero sólo un fanático parecido a «ellos» podría negar que también albergamos una manada de tarados, peligrosos siempre que piensen tener un «buen» pretexto.

Hace meses que todas las fuerzas policiales están movilizadas las 24 horas del día. Su estado de agotamiento es total. Una tercera parte del ejército operacional está movilizada por las calles, en labores que no corresponden a su verdadera misión. Han tenido que renunciar a lo suyo que es el adiestramiento para los inexorables combates venideros.

No pasa un solo día sin que los Servicios de Inteligencia desarticulen alguna célula jihadista o frustren algún atentado. Sin todos ellos la situación podría ser apocalíptica.

 En Tolouse

 En la estación

 En el Metro

 En la playa

 Delante de una escuela judía