jueves, 1 de junio de 2023

Mitos políticos del constitucionalismo



Dalmacio Negro

 

1.- El libro colectivo Problemi e difficoltá del costituzionalismo (2023) al cuidado de Danilo Castellano confirma que el constitucionalismo moderno es, como diría George Sorel, uno de los abundantes mitos políticos. Mito relacionado íntimamente con El mito del Estado, título de un notable libro de Ernst Cassirer, que ha condicionado la historia desde la aceptación y consolidación de la estatalidad en el siglo XVI como un individuo histórico. Este Gran Artificio, como lo bautizó Hobbes, su gran teórico, comenzó formándose inconscientemente en las guerras de los reyes de los siglos XIV y XV con el Sacro Imperio y de rebote contra la summa potestas papalis, la potestad o poder supremo del Papa (en la Cristiandad), Configurado por Hobbes como un aparato técnico, que, decía con una frase tomada del libro de Job, «non est potestas in terra super eum» (no hay poder superior al suyo en la tierra), se apoya en otros dos mitos: el del estado de naturaleza caída en que el hombre es homo hominis lupus y el del contractualismo, que descansa en otros dos mitos: el del inexistente pactum societatis (pacto de asociarse) y el no menos imaginario pactum subjectionis (pacto de someterse al más fuerte) para que de protección a los más débiles.

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La situación ha cambiado rápidamente: Biden, Macron, el conflicto ucraniano, la dictadura de las bioideologías de género, homosexual, ecologista, sanitaria, etc. Spaemann dudaría hoy en hablar de Estados Totalitarios «liberales». Las oligarquías gobernantes, invocando la democracia como una palabra comodín, imponen la corrección política y persiguen las libertades, empezando por la de expresión —censura más o menos disimulada, lenguaje inclusivo, memoria histórica, etc.—, hasta en Estados Unidos, el país más liberal en el sentido de esta palabra anterior a la Gran Revolución contra la historia y la tradición europea de la política. La misma Suiza ha abandonado su liberalismo con motivo de la guerra de Ucrania, bajo la presión de la «liberal» Unión Soviética Europea, de la que se mantenía políticamente al margen.

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El libro termina con una pregunta de Danilo Castellano: «¿Muerte del ejecutivo y renacimiento del gobierno?» Si muere el ejecutivo despedazado por los múltiples poderes indirectos de toda laya que penetran en la estatalidad, la potencia revolucionaria del Estado carente de dirección unívoca se vuelve loca. En cierto modo, es lo que está sucediendo: desaparecida la política del bien común, que no distingue entre lo público y lo privado, la burotecnocracia estatal falta de dirección auténticamente política —¿existe todavía la política?— acoge todo tipo de ideas, por ejemplo, la desquiciada bioideología woke, se pierde la fe en el Estado, que había sustituido poco a poco a la fe de la Iglesia, y el Estado deviene el reino de Koalemos, el dios griego de la estupidez.

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La desaparición del Estado haría superfluas las constituciones a la francesa que fungen como un Derecho Natural legitimador de su abundante Legislación. Se abriría entonces la posibilidad de recuperar el mero Gobierno y la libertad política, disfrazada por el constitucionalismo como derechos fundamentales. De hecho, autorizaciones concedidas y protegidas por el Estado. Pues la libertad es una propiedad a priori, constitutiva de la naturaleza humana, anterior a cualquier forma de lo Político, cuya función principal es, justamente, protegerla. «La libertad es la estructura de la existencia», decía Zubiri.

Leer en La Gaceta de la Iberosfera

 

 Desaparecida la política del bien común, que no distingue entre lo público y lo privado, la burotecnocracia estatal acoge todo tipo de ideas, por ejemplo, la desquiciada bioideología woke, se pierde la fe en el Estado, que había sustituido poco a poco a la fe de la Iglesia, y el Estado deviene el reino de Koalemos, el dios griego de la estupidez