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martes, 8 de septiembre de 2020

Enseñanzas


 Bilingüismo a la madrileña

Ignacio Ruiz Quintano

Abc

Vistos los resultados desde que el nuevo Estado se arrogó la “auctoritas docendi” de la Iglesia, “la Coviz” sería la excusa perfecta para liberarnos de una vez por todas de La Enseñanza, esa esclavitud del estatalismo para llevarnos a la igualdad promovida por el Leviatán de Thomas Hobbes para proveer de camareros a Inglaterra.

En España los puestos mollares del aparato productivo están reservados, como toda la vida de Dios, para los hijos del Régimen, y a los demás La Enseñanza les enseña de todo menos lo único que necesitan para ser camareros en Inglaterra, que es el inglés, problema que la Comunidad de Madrid solucionó colocando en los institutos el cartel de “Instituto Bilingüe”, gracias al cual todos los alumnos creen hablar inglés hasta que llegan a Inglaterra. Resumido por Thomas Bernhard: “La verdad que conocemos es lógicamente la mentira, la cual, como no podemos evitarla, es la verdad”.

Lo que aquí se describe es la verdad y, sin embargo, no es la verdad, porque no puede ser la verdad. En nuestra existencia de lectores no hemos leído aún una verdad: una y otra vez, nada más que la mentira como verdad, la verdad como mentira, etcétera.

Así que, muchachos, dejad vuestros institutos y corred de aprendices, como Bernhard, al sótano de la tienda de comestibles en el barrio de los pobres en Salzburgo, donde lo que se enseñaba “era inmediatamente utilizable, y no, a plazo muy largo, totalmente inútil como en el instituto”.

El hombre no ama la libertad, todo lo demás es mentira, no sabe qué hacer con la libertad; apenas es libre, se dedica a abrir cómodas de vestidos y ropa blanca, a ordenar viejos papeles, va al jardín y escarba la tierra, o anda sin sentido en cualquier dirección y lo llama paseo.

Lo ideal sería la “sociedad desescolarizada” de Illich (paisano de Bernhard), que en el 71 ya ve claro que la disyunción entre una sociedad adulta que pretende ser humanitaria y un ambiente escolar que remeda la realidad no puede mantenerse.


Ivan Illich