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martes, 15 de septiembre de 2020

El contrato


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc

Tanta deconstrucción de costumbres (no lees bien, no comes bien, no copulas bien) por parte del diario gubernamental tenía que ser por algo, y ahí está: “Necesitamos un nuevo Contrato Social”, es la consigna. ¡Hobbes, Rousseau y Marías! (Marías, porque fue el primero en denunciar “la ruptura del Contrato Social” por el marianismo, que jugaba a poner pegas al aborto).

El Contrato Social es el pretexto literario para justificar que unos manden y los demás obedezcan sin rechistar, una solución ideal al “problema de Hobbes”, el filósofo obsesionado con la guerra civil por su nacimiento prematuro provocado por el pánico de su madre a la Armada Invencible.

Para Hobbes, la vida en el estado de naturaleza era “solitaria, pobre, desagradable, brutal y breve”, y, para arreglarlo, los hombres contrataron protección a cambio de obediencia. Un extraño contrato de esclavitud perpetua firmado por una generación para todas las siguientes. ¡El Estado artificial! 

El pretexto de este Estado artificial que nos exige sumisión está en un dicho de Plauto en la “Comedia de los asnos” (rechazado por Gramsci como “ciencia política de filisteos de farmacia provinciana”): “El hombre es un lobo para el hombre”.

Los filisteos del “Necesitamos otro Contrato Social” llaman Contrato Social a la Socialdemocracia, que no fue, como ellos dicen, un pacto de derecha e izquierda, sino la imposición del ejército vencedor a los fascismos europeos derrotados. Desde luego, el lobo socialdemócrata no fue la superación del lobo feroz de Hobbes, sino la consagración del lobo comilón del poeta Basterra, para quien el lobo (el león, decía él) es cordero asimilado, pero de esto sólo nos damos cuenta cuando se acaban los corderos.

¿Tienen derecho los filisteos a seguir comiendo cordero? No, pero...

El bando que consigue designar con la palabra “derecho”·a su ambición –dice nuestro mejor jurista–, y que así la llamen quienes no están comprometidos en el pleito, ha comenzado a ganarlo.