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miércoles, 29 de mayo de 2019

Márquez & Moore. San Isidro'19. La casta de los escolares devuelve la seriedad a Las Ventas, falta de maestros en la Semana Cárdena


Crónica de José Ramón Márquez
Fotos de Andrew Moore

Yo me debo a la afición, no a los periodistas
José Escolar


Se ruega no reproducir sin citar procedencia
[Salmonetes ya no nos quedan]
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Guernica con monos

José Ramón Márquez

Esta semanita viene la mar de bien preparada, que empezó suave ayer con lo de La Quinta, hoy José Escolar, mañana Victorino y pasado mañana máximo morbo, gracias al bombo, con Adolfo, Roca Rey y su panty Marie Claire.

Y no es que enaltezcamos esto porque tengamos especial manía al monoencaste, que a lo mejor algo de eso hay, sino que más bien más bien la tirria se le tiene al pelmazo que traen cada tarde, al pelma de la falta de fuerzas, del descaste, de la entrega sin concesiones a las volubilidades de quien porta la franela encarnada, de que un toro, en suma, no debería tener nunca una mirada lánguida como la de una señorita francesa a cuyo novio acaban de gasear en las trincheras de Yprés. La semana pasada se saldó de aquella manera con el triduo del luto -Parladé/Jandilla/Juan Pedro-, con más pena que gloria ganadera, y si no llega a ser por la sorpresa y las emociones que nos dio El Pilar de don Moisés Fraile con la rocosa corrida que mandó desde Salamanca, se nos habría pasado el septenario como el que se ha ido a tomar las aguas a Marienbad: todo finura, urbanidad y educada conversación. Mucha murria, en suma, que es lo que justamente esperamos que no pase en ésta. Y ni qué decir tiene que lo que a uno le gustaría sería ver a Poderoso I de San Blas ganándose el respeto de Madrid y demostrando su poderío hoy mismo con los escolares, que como decía la Blondie en el 79 «dreaming is free», aunque bien sabemos que a ése no le saca de su mascado carrilillo ni el Tribunal Constitucional.

Para celebrar la Semana Cárdena don José Escolar se trajo a Madrid desde Lanzahita, desde el Monte de Valdetiétar, a Patoso, número 43, a Capitán I, número 58 (para traernos el recuerdo imborrable del Capitán de Hernández Pla), a Combativo, número 15, a Pocapena, que hay que tener bemoles para poner este nombre a un toro, número 60, a Sevillano, número 68, y a Vistoso, número 69, todos ellos cárdenos y sin asomo de lo negrito que viene de lo ibarreño, que Escolar no echa negritos de lo ibarreño y bien que se lo agradecemos, porque no nos molan nada los negritos que vienen de lo ibarreño, la verdad sea dicha. Un corridón de toros en presentación, en intenciones, en comportamientos, en fiereza. Un corridón para enaltecer a los tres valientes que se han puesto delante, a aguantar esas miradas, esas incertidumbres, esa permanente promesa de que algo malo podía pasar, y aquí hay que hacer una mención especial además a la cuadrilla de Ángel Sánchez, la misma que ayer acompañaba a pie y a caballo a Francisco de Manuel si cambiamos a Juan Carlos Rey por Raúl Ruiz, que han estado simplemente sembrados.

Para resolver esta complicada ecuación cárdena se vistieron de oro Fernando Robleño, Gómez del Pilar y Ángel Sánchez.

Sale Patoso a escena y lo primero que hace es irse a rematar al burladero del 10, mira por dónde hay toros que aún rematan en los burladeros. Patoso es largo, en tipo y bien hecho, y de gran seriedad. Se abalanza al caballo en el que va Francisco Javier González para recibir dos varas arriba en las que no se emplea. Canta su condición altiva cuando Gómez del Pilar le quiere hacer un quite y el animal simplemente no se deja, poniendo en apuros al quitador. En banderillas el toro busca al banderillero y no da facilidades. Jesús Romero clava una en su primera pasada, Juan Cantora deja dos de sobaquillo y luego Romero deja otro par en los cueros cárdenos antes de que Robleño se lleve a Patoso a chiqueros a ver qué hace con él y cuando ve que ese no es sitio de gusto para el toro se lo lleva al 4 donde en el inicio del trasteo el tal Patoso le quita la muleta como quita la cartera un carterista de la línea 27 de la EMT;  el toro busca y gazapea y Robleño no ve qué se puede hacer con este material, por lo que tras diversas probatinas decide dar fin de él. Primero le da un pinchazo soltando la muleta y cuando César del Puerto corre para hacer la rueda Patoso le quita el capote de las manos, que al animal eso se le daba la mar de bien, luego hay una especie de estocada a un tiempo, que parece bastante improvisada, dejando un pinchazo, luego un pinchazo hondo que deja el estoque clavado en el toro como una antena de telefonía móvil, luego tres pinchazos más y finalmente Robleño se va a  por el verduguillo y a la tercera consigue tumbar a Patoso justo a los pies del burladero que ocupaba don José Escolar. Su segundo era Pocapena. Lo para de capote en el 6 y deja dos medias verónicas muy toreras, de aire defensivo y de un delicioso sabor decimonónico. El équido monoplaza va ocupado por El Legionario que le receta al toro sus dos puyazos en el mismo sitio. Pocapena cumple sin más. Luego en banderillas César del Puerto cumple clavando sus dos pares y Juan Cantora deja una de dos, que al momento se cae, por lo que la cosa queda en cero. El toro tiene cierta nobleza y se tragaba los muletazos por los dos pitones, por lo que Robleño tira de experiencia y de repertorio para presentar una típica faena que conecta bien con el tendido aunque adolezca de la grandeza que se podía haber cosechado con el toro más toreable de la corrida a cambio de un mayor compromiso, de una colocación más ajustada al canon.Visto cómo iba la tarde las gentes se ilusionan con lo que Robleño les da y cuando mata de estocada trasera y desprendida y un golpe de verduguillo, le piden la oreja. La cosa, pese al tradicional interés de los benhures de la mula por retrasar el enganche y arrastre del toro, se quedó en una justa vuelta al ruedo.

Gómez del Pilar estimó que lo apropiado para recibir al segundo Escolar era irse a porta gayola, tal cual. Después del susto, una vez en pie, brega de manera muy limpia y eficaz a Capitán I, consiguiendo fijar al animal sin que su capote haya sido tropezado por las embestidas del toro ni una sola vez. Lo pone a distancia de Pepe Aguado y su rocín y el toro acude y aprieta en la primera vara y cae a la salida, luego literalmente se quiere comer el capote y cuando lo pone de largo para la segunda, tarda en arrancarse pero al fin acude y se emplea. En banderillas asistimos al vía crucis de El Ruso, que no tuvo hoy su mejor tarde. En su primera pasada clava una y sale de la suerte perseguido por el toro, luego Pedro Cebadera pasa dejando las dos en el suelo, vuelve El Ruso a poner la que le faltaba para hacer el par, Cebadera deja otra y ya van tres y con otra más que deja El Ruso ya tenemos los dos pares en el toro y los dos pares en el suelo. En ese momento el toro es el amo de la situación y para afirmarse en ello arrebata el capote de las manos al Ruso antes de que Gómez del Pilar inicie su trasteo con la mano derecha dejando una óptima impresión por la claridad de ideas y por las ganas de no dejarse ganar la pelea. El toro miraba y no daba facilidades, por lo que los muletazos se van sucediendo de uno en uno de una manera intensa. Poco a poco el madrileño se va haciendo con la situación y dejando la óptima sensación de ser él quien está ganando la pelea. Trata de torear al natural con dos ayudados y desiste, vistas las condiciones del toro por ese pitón, luego vuelve a la derecha y remata su labor con un pinchazo echándose fuera y con media lagartijera que tumba a la res. Para no variar Gómez del Pilar se fue de nuevo a porta gayola a recibir a su segundo y, por segunda vez, una vez puesto en pie manejó con gran eficacia el capote, consintiendo al toro en su ímpetu hacia los adentros y sacándoselo luego hacia los medios sin un solo tropezón en el percal. Cuando el toro, Sevillano, arremete contra la cabalgadura de Juan Manuel Sangüesa, lo desmonta del leñazo que le mete. En la segunda entrada el toro acomete con vigor y Sangüesa le pega duro; en la tercera le cita dándole el pecho y agarra una buena vara. En banderillas espera y no da facilidades, tirándose al pecho directamente y pese a eso Iván Aguilera y Pedro Cebadera dejan sus seis rehiletes en el toro, tragando lo que no está escrito. Muy bien ambos. El capote del Ruso vuelve a serle arrebatado de las manos, que ésta no era su tarde, y Gómez del Pilar, blanco y plata, se dispone a torear la fiereza, la embestida cortada e incierta, la guasa de Sevillano presentando un argumentario de menor entidad que el de su primero, pero es que las condiciones del toro, su presencia, su pavorosa presencia eran un puerto de primera categoría especial ante el que Gómez del Pilar puso su decisión y, nuevamente, su valor. Con un pinchazo y media estocada tendida lo mandó a manos de los destazadores.

Ángel Sánchez se anunciaba hoy por primera vez con lo de Escobar.  El toro se encela con él y no hay forma de que se libre de su pegajosa presencia en sus primeros lances por lo que manda a Iván García que se haga cargo de la situación para llevar al toro hacia el penco y hacia Luis Miguel Leiro que espera allí montado para pegarle con saña en la primera vara y para buscar oro negro en el interior de Combativo en la segunda. En banderillas muy bien en su primer par Raúl Ruiz; en el segundo, mientras Iván García está bregando, se mueve Gómez del Pilar y el toro, que está a todo, se despista. Luego, Fernando Sánchez pone un buen par por el derecho saliendo perseguido hasta el burladero del 9 y, de nuevo, Raúl Ruiz cobra un gran par rematándose espléndidamente la cosa con Iván García llevándose a una mano al toro al burladero del 4 mientras la Plaza entera ovaciona a los tres peones. El pitón de este Escolar es el izquierdo y puede decirse que por el otro no hubo opción. Sobre la zurda, pues, establece su estrategia Ángel Sánchez con la que ofrece una actuación digna, dadas las dificultades del animal y lo exigente que era en cuanto a la colocación. Dura prueba ésta para un torero con tan pocas corridas, que no quiso en ningún momento dar la pelea por perdida. Lo despena de estocada desprendida. Cuando salió el sexto hacía un frío en la Plaza que pelaba, aunque no creo que Ángel Sánchez lo sintiese. Lo recibe con unas cuantas verónicas entre las que hay una por el pitón derecho que es un monumento a la verónica a la busca de su Benlliure. Luego, acaso enfadado el toro porque le hubiese robado esa verónica imposible, le arrebata el capote. Entra en el negociado de Juan José Sabariegos a empujar primeramente y a recibir un buen puyazo y luego a dejarse pegar. En banderillas, un excelente par de Iván García y otro de Fernando Sánchez y una pena que las ganas de García se quedasen con una banderilla en la mano en la tercera entrada. Ángel Sánchez, entre sus dudas y la falta de mando, no acaba de hacerse con el burel, alargando el trasteo de manera innecesaria, pero a esas horas ya importaba poco porque él había hecho lo que muchos de los llamados figuras jamás han intentado: él había bajado a los infiernos y había aguantado la mirada a Lucifer. Acabó Ángel Sánchez con el toro y con la corrida de estocada desprendida soltando la muleta y descabello.

Andrew Moore

Fernando Robleño, de verde y oro
Seis pinchazos y cuatro descabellos. Aviso (silencio)
Estocada desprendida y descabello (petición y vuelta)

 Robleño tira de experiencia y de repertorio para presentar
 una típica faena que conecta bien con el tendido

aunque adolezca de la grandeza que se podía haber cosechado
 con el toro más toreable de la corrida a cambio de
 un mayor compromiso, de una colocación más ajustada al canon

las gentes se ilusionan con lo que Robleño les da
 y cuando mata de estocada trasera y desprendida
 y un golpe de verduguillo, le piden la oreja

la cosa, pese al tradicional interés de los benhures
 de la mula por retrasar el enganche y arrastre del toro,
 se quedó en una justa vuelta con devolución de prendas

Gómez del Pilar, de blanco y plata
Pinchazo y estocada baja. Aviso (saludos)
Pinchazo, media y descabello. Aviso (saludos)

después del susto, una vez en pie, brega de manera muy limpia
 y eficaz a Capitán I

las condiciones del toro, su presencia, su pavorosa presencia,
 eran un puerto de primera categoría especial ante el que
 Gómez del Pilar puso su decisión y, nuevamente, su valor

 Ángel Sánchez, de lila y oro
Estocada desprendida (saludos tras leve petición)
Estocada desprendida y un descabello. Aviso (silencio)

Ángel Sánchez se anunciaba hoy por primera vez
 con lo de Escobar

él había hecho lo que muchos de los llamados
 figuras jamás han intentado: él había bajado a los
 infiernos y había aguantado la mirada a Lucifer

 semanita la mar de bien preparada, que empezó suave
ayer con lo de La Quinta, hoy José Escolar, mañana Victorino
 y pasado mañana máximo morbo, gracias al bombo
,con Adolfo, Roca Rey y su panty Marie Claire

 Peón de brega

 con el hirviente resoplido moja

 el ronco toro la tostada arena

 Ahí queda eso

Aún quedan patillas por la sierra

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Se ruega no reproducir sin citar procedencia
[Salmonetes ya no nos quedan]