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jueves, 16 de mayo de 2019

Hojas

Aquí, a dos pasos de la casa de Gustavo Bueno, 
jugaba sus partidas Rubalcaba


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En España la democracia es acudir a un velorio y que un señor con pinta de “puertas” de “after hour” te coja por el omóplato y te diga:

Soy el presidente del gobierno. ¡Acompáñeme!
 
Con tono de “madero”, no de “hombre de Estao”, como el empleado por Abraham Lincoln ante unos senadores recalcitrantes: “Soy el presidente de los Estados Unidos, investido de gran poder”.
Aquí el poder de Sánchez, nuestro hombre, es el propio de un país asentado en la inseguridad jurídica, y su “¡Acompáñeme!” se lo soltó a un extraño que, al pasar ante el féretro de Rubalcaba (el Lincoln español, de dar crédito al periodismo de Estado), arrojó unas hojas en blanco (¿folios del galgo?), volanderas, “Les feuilles mortes!” (“Les feuilles mortes se ramassent à la pelle”, cantaba Yves Montand). ¿Un Clouseau de las cloacas del “Estao” devolviendo sus nóminas? Entonces un amigo me pasa una nota con las cosas de Galdós sobre los funerales masónicos que se hicieron a Prim en la basílica de Atocha: “Yacía el cadáver del héroe de los Castillejos descubierto en su caja bronceada. Los masones, que eran unos treinta, pertenecientes al Gran Oriente Nacional de España, dieron comienzo a la ceremonia. Lo primero fue hacer tres viajes alrededor de la caja, formados uno tras otro:

Al paso arrojaban sobre el cadáver hojas de acacia.

“Luego, el propio Gran Maestre dio tres golpes de mallete sobre la helada frente de Prim. Y pronunció un breve discurso apologético, y luego leyó un balaustre de la masonería italiana, que ponía bajo la salvaguardia de los hermanos del Grande Oriente Español la persona de Amadeo, para que velaran por el Rey, y le protegieran de asechanzas. Luego resultó que el balaustre era falso, y que Amadeo no figuraba en la masonería de su país. Superchería fue de un español amante de la casa de Saboya. Con tal ardid logró un efecto de propaganda previsora, muy eficaz en la ocasión crítica de aquella traída de un rey para fundar dinastía en país turbulento y alocado”.

Laus Deo.