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martes, 28 de mayo de 2019

Márquez & Moore. San Isidro'19. Aparece la casta de La Quinta y el reloj corre que se las pela


Crónica de José Ramón Márquez
Fotos de Andrew Moore

Tienes impotencia cuando no entienden la morfología de este encaste.
Álvaro Martínez Conradi


Se ruega no reproducir sin citar procedencia
[Salmonetes ya no nos quedan]

 Guernicazo de la Casta


José Ramón Márquez

¿Qué cosa tendrá esto de la casta que tanto incomoda? Es que no falla. A las siete en punto asomó el trozo de sábana blanco en la atalaya donde se hallaba don Rafael Ruiz de Medina Quevedo y a las nueve y tres minutos doblaba el sexto de la tarde. Dos horas y tres minutos de festejo, que cuando en el ruedo hay casta no sé qué es lo que pasa, que las faenas no se alargan y la cosa va rapidita, rapidita. Te salen seis muermos de Jandilla y ahí están los tres a echar la tarde tan a gustito y es que ni se dan cuenta de que pasa el tiempo, de lo bomba que se lo están pasando, y otro día, con tal que asoman las cositas de la casta, con esa movilidad, con esa viveza, se nota perfectamente que allí nadie está a gusto y que lo mismo los de oro que los de plata están con la mente puesta en que aquello se acabe cuanto antes, mejor antes que más tarde. Y luego está lo del tercio de varas que, sin ir más lejos, hay que ver cómo les han zurrado hoy a los novillos, que si les pegan así a los toros de juampedro del otro día, allí mismo tiene que venir el coadjutor de guardia a darles la extremaunción a los pies de los faldones del penco. 

En la cosa de las varas los que hicieron más mella en la afición fueron el primero, el segundo y el sexto. El primer novillo, Chaparrito, número 73, se echó a por el aleluya sobre el que iba montado Agustín Romero nada más que lo vio, sometiendo a ambos a una serie de vapuleos y agitaciones que acabaron con el hombre en el suelo mientras el novillo no dejaba de emplear sus fuerzas contra las faldillas mientras un esforzado mono agarraba las riendas y la cabezada del arre, no fuera a ser que el cuadrúpedo saliese de estampida, pues eso es algo que queda muy mal ya que, como llevan los ojos vendados, la hemeroteca del centenario diario ABC dentro de las orejas y el vicks vaporub en los morros, si el rocín llega a salir de estampida, ésta no cesa hasta que se acaba estrellando en un formidable trompazo contra la barrera, que ya hay precedentes. Luego el bueno de Agustín, una vez restituido en la posición de jinete, en la segunda entrada del novillo, optó por tomarse satisfacción del agravio y del daño recibidos a base de dar friegas de linimento de puya al cárdeno, en una actitud que no es, de ningún modo, la que se espera de un caballero. El segundo de la tarde, Marsellés, número 73, se va de largo y empuja con brío y majestuosidad al caballo de Manuel Ramos en su primer encuentro y acude con alegría a la segunda cita y a cambio de tanta generosidad recibe un puyazo en el brazuelo y otro sin convicción alguna en que el varilarguero deja caer la puya más o menos donde caiga. El sexto, Orejisano, número 14, fue picado por Luis Miguel Leiro. El toro empuja con todo y una vez en jurisdicción Leiro le agarra arriba y le aguanta sin quebrantar; en la segunda entrada de nuevo hace la suerte, esta vez tapándole la salida, y sin cebarse. Durante el primer tercio el nivel más bajo lo dio Francisco de Borja con el cuarto, Soberbio, número 32, al que hizo una especie de alanceamiento como los que hacían en el siglo XVI en la Plaza Mayor, pero claro, no es posible establecer comparación alguna entre la afamada destreza como jinete del Conde de Tendilla con las netas deficiencias ecuestres de Francisco de Borja, que a duras penas podía hacerse con los mandos del babieca. El único que se quedó por debajo de lo esperado fue el tercero, Callejito, número 39, que no demostró unas ganas ostensibles de empujar a las faldillas y que, además, es el de menos fuerza de la tarde.

Hasta ahora no se había dicho que la corrida de este lunes de novillos era de la ganadería de La Quinta, procedencia Santa Coloma, derivación Buendía, los seis cárdenos y muy en el tipo de Saltillo. Para su lidia y muerte a estoque trajeron a Las Ventas a los jóvenes valores Ángel Jiménez, de carmesí y oro, El Galo, de palo de rosa y cristal y Francisco de Manuel, de sangre de toro y oro. 

Ángel Jiménez fue absolutamente incapaz de llamar la atención de los que estábamos hoy en la piedra de Las Ventas. A veces pasa que hay un torero al que nadie le toma en consideración y ese ingrato papel fue el que hoy le tocó jugar al ecijano en sus dos novillos. Bien es verdad que tampoco él puso lo que se dice mucho de su parte para excitar el interés del selecto público, pero es que no le dieron ni esos aplausos canónicos que siempre dan unos cuantos por aquí y otros cuantos por allá, pase lo que pase. El primero de la tarde mandó un aviso a navegantes mientras lo estaba tratando de bregar Javier Crespo, cuando el animal le quitó el capote de las manos para transformarlo con el birlibirloque del pitón en dos capotillos de los de Curro Romero. El toro acude al cite sin cabecear, sin malas intenciones pero Jiménez no es capaz de echar a rodar su tauromaquia ni a derechas ni a izquierdas y verle allí con el novillo es como ponerse a ver pasar los coches desde lo alto de una pasarela de la M-30. El animal no saca en la fase de muleta las dificultades de la casta y Jiménez, que en algo me trae el recuerdo de Abellán, no consigue cosechar otra cosa que un ostensible silencio con su labor después del bajonazo con el que termina con el novillo. Y en su segundo, otra vez igual. El toro miraba al torero, aunque eso no se sustanció en intencionalidad aviesa, y el torero, de nuevo sin colocación, no fue capaz de darle al animal los quince muletazos que tenía y dejar una huella de su paso por Las Ventas. En un momento dado de la faena, el toro, acaso aburrido, se desentiende de Jiménez y, curioso, se acerca hacia la zona donde estaba don Ángel Zaragoza, puntillero oficial de Las Ventas, a ver qué pasaba por allí. Cuando Jiménez le da un pinchazo sin soltar el animal le persigue a la carrera con vigor,  y luego a los peones que acuden en su auxilio. Luego, otro pinchazo y una estocada baja y tendida fueron el adecuado colofón con el que cosechar su segundo silencio de la tarde. 

Lo de El Galo es inclasificable y alguien debería explicar qué hace un muchacho tan verde en Las Ventas. Su primero era Marsellés, un novillo cuajado que ataca con todo al capote, vibrante embestida. Tras el paso por la cosa equina que se relató anteriormente, acosa con codicia al Galo al sacarle del caballo y después persigue con fijeza a Lipi a la salida del primer par de banderillas hasta las tablas y, en el segundo, los que le hacían el quite se lo echan encima, con lo que en ambos pares le ha salido la carta de “susto”. El toro corre al cite de la muleta desde la distancia y ahí se encuentra con Galo que no templa, corre, sigue sin templar, vuelta a la carrerita, luego un enganchón, luego otro, se pasa la muleta a la izquierda, el toro se lo come literalmente, vuelve a la derecha, carrerita, enganchón y, por fin, estocada tendida, y caída soltando la muleta y estocada desprendida soltando la muleta. Hemos visto a tíos en la capea de Ciudad Rodrigo con mejores argumentos que los de El Galo. En su segundo, más de lo mismo. Por no aburrir: un capote extremadamente vulgar, mal en banderillas donde el toro le acosa en una carrera agónica y eso que antes le había obligado a meterse al burladero también a la carrera, impotencia ante el novillo al que en ningún momento llega a poder y remate, eso sí, con la peste Bernarda antes de dejar una estocada baja soltando la muleta y rematada con una nueva carrera perseguido por el toro.

Al lado de las de El Galo, las maneras elegantes y toreras de Francisco de Manuel formaban un contrapunto exagerado.  En su primero dibujó un sobrio quite por verónicas rematado con una torerísima larga que es lo mejor de la tarde y, cuando esperábamos que el madrileño se pusiese a torear, se ve que la cosa no iba por ahí, que el toro se fue sin torear, y aunque recibió su ración de jarabe de pase, no podemos decir que allí manase el toreo en ningún momento, así que nos quedamos con un palmo de narices y haciéndonos la pregunta de quién será el que le está quitando el alma a este torero y encaminándole a la deleznable secta destructiva del pegapasismo, en la que sólo hay ruina como tantos cientos de toreros que nunca llegaron a nada pueden certificar. En su segundo se mostró frío y volvió a dar muestras de su falta de colocación y de presentar idénticos errores que en su primero. Mató de una buena estocada entera y arriba. Hay en Francisco de Manuel condiciones como para sacar un torero, pero debe plantearse muy seriamente hacia dónde va.


Andrew Moore 



¿qué cosa tendrá esto de la casta que tanto incomoda? 

 Ángel Jiménez, de coral y oro
Estocada caída (silencio)
Tres pinchazos y estocada (silencio)

incapaz de llamar la atención de los que estábamos hoy
 en la piedra de Las Ventas

a veces pasa que hay un torero al que nadie le toma
 en consideración

  y ese ingrato papel fue el que hoy le tocó jugar al ecijano
 en sus dos novillos

tampoco él puso lo que se dice mucho de su parte
 para excitar el interés del selecto público

El Galo, de rosa palo y plata
 Pinchazo y estocada (silencio)
Estocada (silencio)

lo de El Galo es inclasificable

y alguien debería explicar qué hace un muchacho tan verde
 en Las Ventas

Hemos visto a tíos en la capea de Ciudad Rodrigo con mejores 
argumentos que los de El Galo

 Francisco de Manuel, de corinto y oro
Pinchazo y estocada (saludos)
Estocada (saludos)

al lado de las de El Galo, las maneras elegantes y toreras
 de Francisco de Manuel formaban un contrapunto exagerado

en su primero dibujó un sobrio quite por verónicas rematado
 con una torerísima larga que es lo mejor de la tarde 

cuando esperábamos que el madrileño se pusiese a torear

se ve que la cosa no iba por ahí

que el toro se fue sin torear

Los pájaros de la brega

Sánchez al aparato

Sánchez al fondo

Algunos querrían que se tomase la Bastilla todas las tardes

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Se ruega no reproducir sin citar procedencia
[Salmonetes ya no nos quedan]