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lunes, 20 de mayo de 2019

El maestro Dadá viaja al neolítico orensano

Rivela & Arrabal
José Rivela Rivela
Abc

Era de madrugada y la luz de la moto Guzzi alumbraba la pequeñita carretera de los fríos montes de Osera. Daniel iba en el asiento trasero agarrado a José, un hombre que había atravesado todas las carnicerías del siglo XX. Los dos grandes monstruos: el Nacional-Socialismo y el Comunismo. No sé cómo aún estaba vivo, pero ahí estaba. Curvas y más curvas en medio de la oscuridad y el viento cortaba las mejilllas imberbes de Daniel. En la entrada del pueblo vieron a un hombre con una antorcha en la mano que hacía señales. Al entrar en la cuadra estaba una vaca con la matriz fuera. Hablando un lenguaje único en el mundo José dijo que trajeran un trapo grande y limpio. Levantó la matriz y la posó sobre una tela gruesa. Después de una inyección, con mucha destreza introdujo la matriz dentro y cosió y cosió, como si cosiera la vida. Cuando acabó el trabajo, la vaca estaba tranquila y tumbada en la paja limpia. Parecía dormida. Desde el interior de la cuadra, donde había otra vaca y un par de cerdos, subieron una escalera hacia la vivienda, que estaba justo encima de la cuadra. El hombre de la antorcha les presentó a su mujer y a sus tres hijos, que estaban acurrucados en un fuego sobre una piedra. El silencio era tal que sólo se oía el fuego. Para ellos, estos viajeros venían de otro mundo. Nunca habían salido de allí. Después de tomar algo caliente, que preparó la mujer, y mientras José hablaba con el hombre de la casa, Daniel bajó con los jóvenes a la calle. Amanecía ya y los chicos estuvieron contemplando la moto en completo silencio. Cuando se fueron, todos se despidieron muy alegres. La vaca era una más de su pequeña familia. Cuando regresaban del viaje, José miró a Daniel a los ojos y sonriendo le dijo: aquí seguimos en el bello y durísimo Neolítico. En aquel momento Daniel no entendió, aún era muy joven. Lo entendería más adelante. En otro tiempo y espacio anterior, un padre acaricia los pies de su hijo. Los vendavales guerreros del siglo XX, la lucha de los dos grandes monstruos otra vez, hacen que ese padre desaparezca para siempre. El niño nunca olvidará ese caricia al ir recorriendo todo su laberinto vital. Comienza para él, su madre, su hermano y hermana, un viaje que les llevará, en medio de una guerra, a la casa de sus abuelos maternos. Allí, ese niño va creciendo y ya comienza a imaginarse Arquitectos y Emperadores de Asiria, Cementerios de Automóviles y más Laberintos que irá recorriendo con patas y sin raíces a lo largo de su existencia. El ambiente que lo rodea lo asfixia, rompe el telón y se escapa buscando savia en otros lares. Ese hombre hoy alza telones teatrales en todo el mundo y se llama Fernando Arrabal. Sólo por esas tres obras ya mencionadas, hace tiempo que se merece el Premio Nobel. Hace unos años, Daniel, que había visto el Neolítico en la moto de José, se encuentra con Fernando en una taberna, comienzan a charlar, se van entendiendo y entreteniendo. Un buen día, paseando, conocen al nuevo maestro Dadá, y éste les cuenta el último capítulo de su vida. Resulta que daba clases en un instituto gobernado por Nacional-Socialistas (están incrustados en la Educación Pública española). Y metí el Dadaísmo en mis clases para acabar con ellos, les dice, y fue tal el alboroto que se armó, que los Nacional-Socialistas  tuvieron que dimitir. Arrabal, que jugó al ajedrez con Tristán Tzara, dice: el Dadaísmo es lo mejor para limpiar las malas hierbas, aunque yo ahora soy patafííísico (Ciencia que estudia las excepciones). El maestro Dadá se despide. Le preguntan que adónde se va. Me reclaman unos patafisicos orensanos para poner la provincia en órbita, pues ahora está totalmente parada y envejecida, casi siguen en el Neolítico, pero la provincia es bellísima. Daniel al oír la palabra Orense se acuerda de los montes de Osera, y después de despedirse del gran dramaturgo español, los dos ponen los pies en polvorosa. Oyen a Fernando: ¡Ya me contaréis! Cuando llegan a Orense se encuentran con Gonzalo Pérez Jacome, Telmo Hucha, Miguel Caride, Armando Ojea Bouzo, Eloy, José Manuel Palacios, Maite, Zaida, Dibuja y algunos más, que quieren contratar a 100 científicos-emprendedores de prestigio, para desarrollar todo tipo de proyectos en la provincia y convertirla en un referente mundial en algunos sectores. La Patafisica (Ciencia que estudia las excepciones) les ayudará a conseguirlo. Arrabal ya está pensando en una nueva obra teatral, pues cada poco pregunta: ¿cómo va el proyecto? La Ciencia lo apasiona.
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     José Rivela Rivela es profesor del IES Celso Emilio Ferreiro en Celanova