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jueves, 23 de mayo de 2019

Isa

Retrato ecuestre de Chávez con maletín



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Isa Serra, “né” o poco menos que “né” Pasionaria, rechaza las donaciones millonarias de Amancio Ortega, que le parece un millonario sin caballo, es decir, un señorito.

¿Qué tienen los comunistas españoles contra los señoritos?

En España, donde Rusia apenas si tiene nada que hacer, se han agrupado en el comunismo unos pocos señoritos y unos pocos obreros poseídos de la sugestión literaria –editorializaba, allá por el 32, el periódico de los progres republicanos.
Unos pocos años antes el señorito Trotski había sido arrestado en Madrid… ¡por cuatrero!, y él protestó que no había montado a caballo en su vida (“creo que será el único caso en el mundo de que a un judío se le haya acusado de cuatrero”, dijo al Caballero Audaz, que lo entrevistó en Comisaría).
Por dos cosas prestamos atención a Isa: por su voz de película de Cifesa y por su hermana Clara, “né” o poco menos que “né” amazona, o sea, millonaria con caballo, pues en este comunismo infantiloide la diferencia entre millonario bueno y malo es ese caballo nietzscheano al que poderse abrazar cuando es apaleado. Amancio Ortega no tiene caballo, e Isa desprecia sus donaciones, pues Isa vive en Romanones (contemporáneo, por situarnos, de Teodulfo Lagunero, el millonario que donó la peluca a Carrillo).
Bonafoux saca a colación la historia de la Esparza, actriz que, según “Le Cri”, puesta a escoger entre el amor de un grande de España y la amistad acariciadora de una marquesa, “tuvo la cordura de elegir a la marquesa”. La actriz cuenta en París que “el hombre de la situación” en España es Romanones, que “siendo el español más rico vive buscando modos de no gastar”, veraneando de gorra en casa de algún elector con uno de sus chicos; éste dijo un día que le gustaba andar a caballo, y el elector le llevó una yegüecita muy mona. Poco después, como no le viera con ella, el elector le preguntó por qué ya no salía a paseo en la yegüecita.

¿La yegüecita? –dijo, recordando, el chico–. ¡Papá la ha vendido!