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sábado, 18 de mayo de 2019

Márquez & Moore. San Isidro'19. Del 8 del Tajo por el 4 de la Reina resultó un concurso de ganaderías


Crónica de José Ramón Márquez


Fotos de Andrew Moore


La corrida de Madrid es seria, pero muy bien hecha
Joselito Arroyo
 
 El otro Sánchez (que también toma el olivo)


José Ramón Márquez
  

Después de tanta turbación, después de que el polvo haya vuelto a la tierra, retornamos exhaustos a la Andanada de nuestros sinsabores con la plena certeza, visto el cartel, de que toda ilusión sobre el resultado de la tarde es completamente vana. El que quiera engañarse es cosa suya, pero desde el ocho y el cuatro (la cara de tu retrato) de El Tajo y La Reina, de los tajirreinas de Pepito Veragua, hasta la terna de Adame/Román/Lorenzo podemos decir que la propuesta del mago del bombo, Domb I el Atabalero, traía los atabales a cuestas.
 
La cosa empezó con el rollo del cambio climático ése que predica Greta, la niña bitonga de nacionalidad sueca (¡hay que ver para lo que han quedado las suecas!), que ayer mismo estábamos a 30 grados de vellón y hoy, en la Andanada, comenzaba la era glacial así, sin transición de continuidad. Y luego la tarde en plan gris por la parte del cielo, pero también, como si se tratase de una premonición, ahí teníamos a Adame y a Román, a Tomás López, a Fernando Sánchez y a Alberto Zayas todos ellos de gris, en diversos tonos y texturas, que pase lo de los peones, pero que ya podían Juan Diezma y Javier Galán, esmerados mozos de espadas, ponerse al habla entre ellos para evitar que sus matadores fuesen ambos vestidos de la misma manera, aunque lo mismo eso es otra antigualla como lo de pedir que no se toree con el pico de la muleta, lo de cargar la suerte o lo de reprender a los aficionados que, en uso de su sacrosanta libertad y en aras de un inextricable “respeto”, expresan lo que les viene en gana durante el desarrollo del espectáculo.
 
Decíamos más arriba que Pepe Veragua volvía al asalto de Madrid con su ganado herrado con un 8 y con un 4, El Tajo es la del ocho y La Reina es la del cuatro. El esmerado ganadero se vino a Madrid con cuatro de los del 8 y dos de los del 4, pero a causa de la feble endeblez de  los dos del 4, que se fueron a la mazmorra que sólo está iluminada por el brillo de la acerada hoja de la puntilla, fueron sustituidos por un negro salpicado de Torrealta y por un negrito de Montealto, por lo que a lo tonto ya se nos ha liado una especie de concurso de ganaderías en el que han vencido por goleada los sobreros sobre lo inicialmente programado. Y es que, no nos cansaremos de repetirlo, no hay matadores de toros que hayan sido buenos ganaderos…

(este espacio se deja para que alguno clame por Manolo González, que es lo que ahora toca)

… desde el señor Curro Cúchares hasta Santiago Martín “El Viti”, y pongan entre medias a quien quieran, los matadores de toros han tenido sus ganaderías para perder a manos llenas los dineros que ganaron matando toros, hasta el día que felizmente se deshicieron de ellas. Hay un dicho entre gentes que gustan de la navegación que reza: “la única alegría comparable a la del día en que te compras un barco, es la del día en que te deshaces de él”: para los matadores de toros les bastaría con cambiar la palabra “barco” por “ganadería”. Y el que quiera quitarse la morriña ya podría seguir el ejemplo de Antoñete, que tenía al toro Romerito, “que es como de la familia”, con quien se echaba unos ratos estupendos, entre cigarrillo y cigarrillo, en Navalagamella.
 
De los tajirreinas podemos deecir con rapidez que, en general, han salido al amo, pues ya se sabe que los toros se parecen a sus ganaderos, y han mostrado un carácter amohinado, poco impetuoso y falto de carácter. El segundo tenía el nombre apropiadísimo de “Rociero”, número 80, y más que una Plaza de Toros lo que demandaba era ir uncido al carro que porta un simpecado camino de la marisma. Román se coloca entre las rayas frente al 10 y despliega el capote para darle una verónica por el derecho, el toro arranca desde el 8 en dirección al cite y a la mitad del tendido 9 Rociero, exhausto, se tira en plancha al suelo, pegándose un piscinazo imprevisto e inexplicable. El tercero, llamado Valiente, número 28, ya había medido el suelo con sus huesos antes de entrar al caballo, luego volvió al suelo al salir de la segunda vara y, por fin, quedó tirado sobre la arena cuan largo era mientras Álvaro Lorenzo le quitaba por chicuelinas. Esos dos son los que se fueron  por mediación del trapo verde, pero ahí tenemos al cuarto, Habilitado, número 57, que se salió de la cosa de las varas con dos leves picotazos, como el que se pilla los dedos con una puerta, y el sexto, Cacareo, número 65, que literalmente pasó a banderillas sin picar. Al final, lo mejor, los sobreros. El de Torrealta, Castellano, número 50, largo y ensillado, que se arranca con brío a la muleta hasta que se apaga o se harta de lo que ve y el de Montealto, Ansioso, número 48, una bolita de sebo, gordito y musculado, con mucha intención, un toro para tragar y al que poder.
 
Pues con ese ramillete ganadero que se acaba de describir de forma sucinta es con el que  se las vieron Joselito Adame, Román y Álvaro Lorenzo.

De Joselito Adame ya hemos señalado su enorme parecido con la escritora Lucía Echevarría, aunque la literata es sensiblemente más vieja que el torero hidrocálido. Adame sigue profundizando, visto lo visto, en la senda que desde hace tanto ha ido marcando, que es la de provocar el más absoluto desinterés del público que observa su inexistente tauromaquia, la poca chicha de su propuesta taurina. En el primero, por aquello de que empezaba la corrida aún hubo quien le hizo algo de caso. En su segundo se fue hacia el 6 donde unos paisanos mostraban la bandera tricolor ornada por el emblema del águila que devora una sierpe sobre un nopal y ni así hubo forma de que la cosa tomase vuelo. Ha estado en Las Ventas porque lo pone en el programa, pero no hay un solo acto reseñable de su paso. A ver si sale un mejicano con cuajo de una vez, que ya va siendo horita.
 
Román trajo su simpatía espontánea y su cosa pueblerina que le va a servir para hacer una carrera e hincharse a torear, y en ese sentido no miente salvo a aquellos que quieran dejarse engañar, porque Román da lo que tiene y adolece de lo que adolece: lo primero de la más mínima elegancia, y esto no es importante porque ha habido muchísimos toreros nada elegantes, pongamos que hablo de Paquirri, que han tenido fecundas carreras, si bien poseían otras virtudes que son las que hoy se echaban de menos en Román, como por ejemplo demostrar un muñeca más flexible o tratar de plantear una tauromaquia menos ventajista y de un carácter menos pueblerino; a cambio presentó los que son sus valores más netos, el valor en primer lugar y luego la estupenda estocada que recetó a su primero, ejecutada con una extraordinaria lentitud, metiendo el estoque hasta la gamuza y, por más que la espada quedase algo baja, la ejecución fue muy buena. Sobre el valor de Román resaltemos la espeluznante colada que se tragó en su primero, por más que la causa de la misma fuese la pésima colocación del diestro, y sus bernardinas –esa herencia envenenada que nos dejó José Tomás- que sirven de revulsivo orejero  para el público más impresionable.
 
El aficionado J. me recuerda puntualmente que Álvaro Lorenzo cortó tres orejas el año pasado, el Domingo de Resurrección, y hace bien porque la gesta del toledano ha pasado en mi mente al rincón donde anida el olvido, otra de esas Puertas Grandes de Madrid olvidadas y olvidables salvo para el diestro y sus seres queridos. En su primero, el sobrero de Montealto, había que currar y que cruzar(se) y Álvaro Lorenzo dejó bien sentado que él precisamente no había venido a Madrid a eso, por lo que la descripción sintética de su “faena” sería que no ha querido ni ver al toro y que se ha dedicado a andar pajareando para que se pasase el rato y hacer tiempo para llegar a la cosa del estoque. Su segundo era una especie de sardina pescada en el Tajo –acaso por la Reina-. A este lo recibió con unas verónicas correctas, sin arrebatarse, dadas más o menos donde el toro quiso que, sin ser para romperse la camisa, es casi lo mejor de lo que se ha visto en la tarde. Luego se encontró con que el torillo iba y venía y ahí se puso a montar una faenita “por lo moderno” con un buen inicio por estatuarios que duró lo que las embestidas del toro, pues el matador sólo estaba para poner su depurada técnica al servicio de unas embestidas en las que apenas influía la voluntad del diestro. Faena a menos, no en toreo, que no lo hay, sino en la manera en que esos pases o telonazos llegan al tendido, rematada con las sempiternas bernardas que Dios confunda, como si estuviésemos en Becerril de la Sierra.
 
Ni que decir que cuando hubo una cierta petición para Román por sus cosas al segundo de la tarde se produjo, una vez más, el clásico moonwalk de los benhures de la mula, aunque hoy sus triquiñuelas no sirvieron para forzar al Presidente a conceder una oreja que habría sido exagerada en relación a los méritos del torero, que dio una vuelta al ruedo tan ricamente.

Otra cosa que choca son los aplausos que le pegaron a Fernando Sánchez, tercero en la cuadrilla de Adame, por dos pares en su peculiar estilo, tomando el infamante olivo.


 "Un corridón. Pero los cuerpos y los cuellos son buenos,
 no hay toros destartalados de cara.
 Dentro de la seriedad, hay que buscar la armonía”
El Ganadero

 "Estoy intentando buscar hechurar más el toro porque al principio
 no le daba mucha importancia a las hechuras"
El Ganadero

 Román, de gris plomo y oro. Estocada caída. Aviso (petición y vuelta)
Pinchazo y estocada muy atravesada (silencio)


 A Guernica voy

 El sanchismo antes de tomar el olivo

 Joselito Adame, de gris plomo y oro.
 Pinchazo, metisaca y bajonazo (silencio).
  Tres pinchazos y bajonazo. Aviso (pitos)

 Román en La canción de Bernadette


"Ahora salen toros que embisten perfectos de principio a fin,
 como por ejemplo Orgullito,
 de Garcigrande, indultado el año pasado en Sevilla.
 ¡Qué envidia poder criar un toro así de perfecto!"
Pepito Veragua

 Álvaro Lorenzo, de canela y oro. Estocada tendida y descabello (silencio)
 Pinchazo y estocada (saludos)

 De Guernica vengo

Román su simpatía espontánea y su cosa pueblerina que le va a servir
 para hacer una carrera e hincharse a torear
 
 Y sus bernardinas –esa herencia envenenada que nos dejó José Tomás-
 que sirven de revulsivo orejero  para el público más impresionable

 De los tajirreinas podemos deecir con rapidez que,
 en general, han salido al amo

 El aficionado J. me recuerda puntualmente que Álvaro Lorenzo
 cortó tres orejas el año pasado, el Domingo de Resurrección,
 y hace bien porque la gesta del toledano
 ha pasado en mi mente al rincón donde anida el olvido

 desde el señor Curro Cúchares hasta Santiago Martín “El Viti”,
 y pongan entre medias a quien quieran, los matadores de toros 
han tenido sus ganaderías para perder a manos llenas
 los dineros que ganaron matando toros

 A Joselito Adame no le beneficia su arecido con Lucía Echeberría
O sí

 Su segundo era una especie de sardina pescada
 en el Tajo –acaso por la Reina-

 Por lo moderno

andar pajareando para que se pasase el rato
y hacer tiempo para llegar a la cosa del estoque