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sábado, 14 de enero de 2017

Una vida

Tristán & Castillejo en un vistazo de Alberto García-Alix

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La vida de Javier Castillejo, “Asalto al cielo”, está entre los libros más vendidos en Madrid.

A Castillejo, “el Lince de Parla”, le costó un mundo que en los papeles dejaran de llamarle “Castillejos”: nada menos que ser el hombre más laureado de nuestro boxeo. Le falló la literatura, justo lo que viene a reparar Jorge Sanz Casillas, compañero de ABC, con este libro de una leyenda del deporte que él resume en “un millar de madrugones y un ‘bolopunch’ a la nariz de Keith Mullings”, el jamaicano de Brooklyn.

No es fácil escribir de un silencioso como Castillejo, de quien estaría dicho todo con decir lo que en Colombia de Rocky Valdez: “¡A ese hombre en el ring le roncaban los c…, mi vale!”

Capturar a Castillejo es como interpretar el “Silencio” sufriente de Scorsese (siempre prodigioso), y el mérito de JSC es poner a andar, a puro periodismo, una vida de hombradas (de Parla a Nevada, de Leganés a Alemania, de Virginia a Kazajastán…) que fluye a cada página con la naturalidad de aquella secuencia de Castillejo en el nocaut de Felix Sturm en Hamburgo, cinco trompadas seguidas con la misma mano, lo nunca visto, y, dicho por Marquiegui, “la acción más bonita de la historia del boxeo español”.

Cuando te noquean con un buen golpe –dijo Floyd Patterson–, no sientes dolor. Sientes que quieres a todo el mundo.
Ajeno a la prosa “cipotuda” y pamplinera a la moda, JSC hace con Castillejo (el español que se las vio en campeón con Oscar de la Hoya en Las Vegas, y Pacquiao de telonero) periodismo de “pata alante”, un, dos, tres y el de pecho, siempre de cartel de toros: “Sturm, quiso levantarse rápido (…), pero resbaló como un ciervo recién nacido”. O: “El cuadrilátero era como una sesión de bolsa previa al crac del 29”. O (mi preferida), sobre el nocaut del héroe en la lona: “Petrov se asomó al cuerpo de su amigo con cautela, como quien mira al interior de un pozo”.

Como se dice de Pambelé, otro Castillejo no nace. Y si nace, no se cría.