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jueves, 5 de enero de 2017

El Belén de la Cuesta la Pólvora

Puerta del Perdón

 Alfombras en vez de ocarinas

Mesón Maimónides en la Calle Torrijos


Francisco Javier Gómez Izquierdo

       Desde que hace un año me quitaron “la tiroides”, estoy condenado de por vida a seguir los consejos de un endocrino al que agradezco que me haya puesto al día de tantas cosas como ignoraba. Con el poderoso argumento de las últimas analíticas, veo que quitarse del tabaco y los dulces es bueno. Si además camino dos horas al día no me libro del atropello de un coche o de la bicicleta de un energúmeno, pero el cambio de hábitos me ha librado de toses mañaneras y por los caminos encuentro agradables sorpresas, ya sea por casualidad o por coger las horas propicias.

     Ayer mismo, como no me había enterado de las disposiciones del amo del Córdoba para la Copa del día 11, me acerqué hasta El Arcángel a comprar el suplemento. “Aún no se han puesto a la venta y no se saben los precios”, me dijeron en taquilla los avergonzados empleados. Estaba claro que el amo del Córdoba esperaba el resultado en Alcorcón para actuar en consecuencia. Admisible, si así fuera, la costumbre, pero en otras ocasiones, nada más saberse el sorteo, nos obliga a los socios a sacar el suplemento en dos o tres días, poniendo a la venta nuestro asiento, si no lo hemos hecho en tan corto plazo de tiempo con el consiguiente follón de colas y pérdida de tiempo a los que ya nos ha acostumbrado cada vez que el hombre huele dinero.

   Sabiendo sus prácticas, no me importó demasiado el portazo, pues en este tiempo paseo por la orilla del Guadalquivir casi todos los días y no me va a trastornar los planes, pero no negarán ustedes que lo correcto es fijar el precio el mismo día del sorteo, atendiendo a si te toca el Madrid o el Alcorcón, por supuesto. Estoy poniendo estas letras y dice mi chico que el club acaba de anunciar el precio de cinco euros a los socios, precio razonable dicho sea en su descargo, para un partido que amenaza ser como el de ayer. Trabado, sin ocasiones, despeje va y despeje viene y con veintidós futbolistas, mejor veintiocho, pasaditos de mantecados, con lo malos que son para la diabetes.

   No me importó la informalidad del amo del Córdoba, sobre todo porque de camino al estadio descubrí en un callejón por la Cuesta la Pólvora en el Camino de la Barca, por el que paso de higos a brevas, un belén espectacular. Uno de esos belenes de los que reniega nuestra alcaldesa y a los que quiere desterrar “al rincón del olvido”.

      En Córdoba hay unos belenistas extraordinarios y algún año los he visitado antes de irme a pasar la Navidad a otras geografías. Los alcaldes comunistas , Julio Anguita, Herminio Trigo, Rosa Joaquina Aguilar, Andrés Ocaña... en atención a la especial habilidad y delicadeza de los belenistas de la ciudad institucionalizaron un concurso “al que han venido, de paso a Jerez, claro está, aficionados de las Vascongadas y Cataluña”.

     Isabel Ambrosio, y los usos democráticos de las facciones que le han  procurado el puesto de alcaldesa, no se atreve aún a declarar subversivos los belenes, pero es vox populi que está en ello.