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viernes, 6 de enero de 2017

Los Reyes

David Copperfield 
(avec Claudia)

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Saludar a los Reyes Magos y tirar hacia la cuesta de enero.

No soy de poner los zapatos en las ventanas, donde los laicos ya ponen las deportivas a orear (que no viene de oro). No lo hago desde que a Rafael Perea, El Boni, yendo de plata con El Cid, le robaron el vestido de luces de la ventana de un hotel en Tudela, donde lo había colgado a secar.

¡Y luego dicen que no son españoles!

Españoles, aquí, son hasta esos políticos que han leído “El Motín” y aspiran a transformar la cabalgata de los magos en la del orgullo gay. En Madrid estas performances eclosionaron con Gallardón (y Alicia Moreno, su Malraux), que cogió, valga la comparación, un espectáculo como el de David Copperfield (el mago que se llevó a Polanco volando por las uralitas del Palacio de los Deportes, el que se quemó) y lo transformó en un bolo de bodas de Juan Tamariz, con lo que en materia de ilusionismo a Carmena se lo han puesto para lo suyo, que es gamberrear, como a Fernando VII.

Este año, las cabalgatas han estado blindadas por miedo a la yihad, aunque todo es opinable, y ahí están la navidóloga y portavoz municipal de Madrid, Rita Maestre, cuyo partido no quiere mulas ni bueyes en los belenes (por el estrés de las bestias), y la politóloga y portavoz de la Fundación Ibn Battuta (que trabaja para la divulgación cultural y social entre los países árabes y Europa), Miriam Hatibi, que ha puesto firme a Esperanza Aguirre tuiteando algo que quien haya pasado por la Complutense sabía:

La primera vez que las mujeres pudieron votar en España fue en 1933, el Islam dio esas libertades más de 1400 años.
Ya lo avisó Pemán: Occidente es el confort, y el Oriente, el lujo. Por qué los “refugees” prefieren el confort es un misterio como el de los tres Reyes Magos, que según Nebrija, el Don Concha –sólo que hablando latín, claro– de Isabel la Católica, ni eran tres ni eran Reyes ni eran Magos.

Occidente, sí, se ha quedado con la novela y ha cedido a Oriente el cuento.

 Juan Tamariz