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lunes, 23 de enero de 2017

Hechos un sinvivir

Marisol en la OTI, 1972


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La “sinjusticia” es una grande cosa española, invento de fray Luis de León (“Adonde la azucena / lucía y el clavel, do el rojo trigo, / reina agora la avena, / la grama, el enemigo / cardo, la sinjusticia, el falso amigo...”).

    El “sinvivir” es una grande cosa madridista, invento de Zidane, que nos acostumbró a la flor de su baraca y hace que nos conduzcamos como los paranoicos según Freud, que sacan deducciones y conclusiones de los signos insignificantes que observan en los demás.

    Ser paranoico tampoco quiere decir que no te persigan.

    Al madridista, con el primer tropezón (el autogol de Ramos en Sevilla, un Gol Spasic, aquel gol de Pedrag a Buyo en Barcelona), lo persigue el sinvivir de pensar si se habrá marchitado la flor zidaní, y pita. Como todos los públicos piperos, el madridista aplaude cuando gana y pita cuando cree que puede perder.

    Aun así, ya es Campeón de Invierno, una cosa que a Hughes, que gasta oído de tísico, le suena a campeón de la OTI, nacido Gran Premio de la Canción Iberoamericana, y ahí están Keylor, Marcelo, Danilo, Casemiro, James, Pepe, Coentrao y, por supuesto, Cristiano, que es nuestro Ricky más Martin, con sus cuatro Balones de Oro. Hasta el himno ése de la Décima que hacen escuchar a los japoneses que acuden al Bernabéu a cultivar la flor de Zidane como escuchaban sus antepasados a los jesuitas en el “Silencio” de Scorsese tiene un glamour OTI.

    ¡La flor de loto!

    De Serrat, nuestro venerado hacedor de rimas, recuerdo una cosa que cantaban las amas de casa en los patios de cocina: “Si cuando se abre una flor, / al olor de la flor, / se le olvida a la flor”. ¿Qué era aquello? Nadie lo sabe. Pero describe primorosamente la perplejidad del pipero ante la flor de Zidane, que tenía pinta de ser eterna.

    La flor de Zidane nos ha traído el Campeonato de Invierno, pero Bernabéu dejó dicho que el Madrid es ganar en primavera, y esa mosca siempre la lleva el madridista detrás de la oreja. ¿Acabará el Madrid primero en primavera? Nadie lo dudaba hasta el autogol de Ramos en Sevilla (¡si hubiera sido de otro!...), pero ahora parece dudarlo todo el mundo, y por eso los pitos tan de Pitita (Ridruejo) del piperío el sábado ante el Málaga.

    –Necesitamos cariño, no h… –respondió Ramos, con la autoridad que le daban dos goles y tres puntos.

    Con esto del cariño, Ramos, que aporta material para una serie de Íker Jiménez con sus goles paranormales, se vuelve, de repente, delbosquiano.

    –Yo sólo recojo insignias desde el cariño –contestó una vez el marqués de Del Bosque para explicar por qué no acudiría a recoger la insignia de oro y brillantes del Real Madrid, su club, el club donde de empleado acostumbraba quedarse el último para asegurarse de apagar la luz del vestuario y ahorrarle ese recibo al Presupuesto.
    
El pipero venía de ver que con Nacho y Varane (tres partidos) al equipo no le hicieron goles, pero que con Ramos (tres partidos: dos derrotas y un empate) cayeron siete goles.
    
Ramos necesita cariño en Madrid porque en Sevilla se lo niegan: el guerracivilismo carpetovetónico es único, y los paisanos de Ramos se han puesto flamencos para negarle al futbolista el título de “leyenda sevillista”.

    –La realidad es que jugadores como Romaric, Aquivaldo Mosquera, Emir Spahic, Konko, Manu del Moral o Arouna Kone, entre muchos otros, han disputado más partidos.
    
Cariño, pues, para Ramos y agua para la flor de Zidane, que se empieza a amustiar.




DOMADOR DE LEONES

    Toda la vida observando cómo salta un gato no nos convierte en domadores de leones: ésta es la interpretación que debe hacerse de la broma de Ryanair a Guardiola tras el repaso (4-0) del Everton al Manchester City: la compañía aérea de bajo coste invitó al entrenador más sobrevalorado de la historia del fútbol “a escapar de Manchester por sólo 9 euros”. Estuvo una vida en Barcelona observando cómo saltaba Messi, el gato más protegido en este juego, y con eso el Gandhi de Sampedor terminó por creerse un domador de leones (“Yo es que soy muy bueno”). Alemania e Inglaterra picaron ese anzuelo.