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domingo, 1 de enero de 2017

Suna a las trece




Suna tuvo pasión por el juego. Suna ludens. Distinta de aquellas niñas tristes del Retiro de Foxá que fingían la enfermedad y la muerte de sus muñecas, y las enterraban en los jardines. (Foxá conoció a una señora que aún recordaba en qué parte, secreta, del Retiro había enterrado a todas las muñecas de su niñez.) Suna enterraba (y recordaba) los huesos que encontraba. Pero su gozo era jugar a tontas y a locas, incluso con los gatos: Yo soy la reina del Monumento / con mi corona y mi cetro, / con mi cetro y mi corona / salto por encima de esta mona. Su cuerpo parecía entonces un disfraz de perro descoordinado con dos enanos haciendo de patas por dentro. Mas en una cosa, ay, llevaba razón Foxá: los juegos terminan cuando comienza el amor.