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jueves, 15 de octubre de 2020

Montesquieu


"¡Miradles!"

Ignacio Ruiz Quintano

Abc

Dicen los sabios que en tiempos de revueltas, como estos, las costumbres del pueblo suelen ser malas, y cuando la sociedad tiene toda clase de vicios su moral es severa:

Los hombres corrompidos individualmente son muy honradas gentes en general –dice Montesquieu, a quien los españoles han leído todavía menos que a Cervantes, como prueban los disparates que ahora hay que oír aquí sobre la separación de poderes, resumida en dos líneas de “El espíritu de las leyes” (capítulo IV, para que no tengan que leerse el libro entero): “Si el ejecutivo fuera confiado a un cierto número de personas sacadas del legislativo, no habría ya libertad, porque los dos poderes estarían unidos”.

El ministro más inteligente de Napoleón observó que son esas “honradas gentes” quienes se pronuncian sobre reyes y reinas, y cuando este juicio es deshonroso se hace muy difícil que un poder nacido en fecha reciente deje de quebrantarse. De ahí el actual pesimismo español.

Nuestros subversivos, sin embargo, no han cambiado mucho desde la época de Bonafoux, como vimos en la Fiesta Nacional, todos resueltos a hacer algo “sonado”. Uno jura no pasar por la plaza de Ópera y otro promete no quitarse el sombrero. A estos tales se les conocían las ideas subversivas por el forro del hongo, “que si fuese nuevo y limpio, en vez de ser viejo y seboso, resultaría monárquico”.

Los republicanos españoles –dice Bonafoux– no son revolucionarios y se contentan con esperar que les manden la República facturada de París.

Pero París nos mandó a Jean Cau, ex miembro de “las secciones de asalto de la intelligentzia de izquierda” (¡secretario de Sartre!), que asistió a la muerte de De Gaulle y al nacimiento de los “pequeños gestores”:

–¡Miradles! Mirad los horribles hocicos blandos siempre sonrientes (“keep smiling!”) de nuestros políticos. En sus ojos brilla la luz mortecina de la sumisión al número. ¿Dónde están los rostros ejemplares, las voces severas y ejemplares?

Ya huele al Tenorio