Follow by Email

sábado, 24 de octubre de 2020

El perol de San Rafael

San Rafael del Puente. Esta mañana

En cualquier rincón del Córdoba

 

 Francisco Javier Gómez Izquierdo
 
         Cuentan con orgullo los cordobeses que cuando la Iglesia hace 50 años, en 1970, juntó a los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael para ser festejados el 29 de septiembre, no les pareció bien y así se lo hicieron saber a las autoridades civiles y religiosas. Las autoridades se movieron y la Iglesia concedió el privilegio a Córdoba de seguir manteniendo su San Rafael este 24 de octubre, día de los cordobeses “de to’a la vía”, “de siglos y siglos”, dicen los Rafaeles y Rafaelas mientras preparan el perol, una tradición a la que no les está permitido renunciar.


       A San Rafael se encomiendan los cordobeses con mucho recogimiento, sin folklorismo. Hoy, el cordobita-cordobita se acerca temprano a la iglesia del Juramento o para unos minutos ante cualquiera de los triunfos levantados en su honor en la ciudad; sobre las once se quita la ropa de domingo, se pone el chándal, carga en el coche los avíos del perol y con la familia y compadres, en los que hay varios Rafaeles,  celebra su día como si fuera una romería sin ermita en el parque de los Villares, en la explanada de la Feria o ...” cualquier sitio es bueno”.
     

Noto que en este 20, por temor más a los guardias que a la peste, los peroles se van a “mi campo”. “Mi campo” es una parcela a las afueras de Córdoba con su casita, su huertecito, su piscinita y hasta  su aire acondicionado... que el cordobita ha ido construyendo “a pocos” en el que riega tomates, pimientos y calabacines y donde pasa los veranos metido en la piscina.
       

El perol es un arroz guisado por varones con mucho cariño y que se come después de las sardinas, las pancetas o choricitos que se asan mientras cuatro u ocho perolistas echan su dómino, con acento en la primera o. Sobre las cinco el perol está a punto y como marca la tradición: “cuchará y paso atrás”.
       

Es cosa sabida que San Rafael, “el que sana” curó al padre de Tobías con las vísceras y el corazón de un pez y ya tenemos contado aquí que en los siglos XIII y XVI espantó pestes en Córdoba, conforme dejó escrito el padre Roelas, al que se apareció el Custodio junto a otros cuatro caballeros. En este tiempo en el que nadie sabe qué hacer para librarnos de mal tan asesino quizás no esté de más encomendarse a San Rafael, criatura de la que se espera “medicina santa”. Doy fe, que en Córdoba no desfallece la confianza en su Custodio.