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jueves, 15 de octubre de 2020

Aforos

 


Seis mil papeles que no valen para nada


Francisco Javier Gómez Izquierdo

 
          Este fin de semana comienza la 2ªB con un sistema competitivo que para comprenderlo se precisa concentración y muchos apuntes. Una de las muchas singularidades que estrena el “fútbol de bronce” de este 20, es que los cinco grupos se van a partir por la mitad. Es decir, que son diez grupos y no cuatro como estos últimos años, ni cinco como creíamos. Otra, que van a descender 62 equipos, y la más curiosa es que se permite gente en los estadios. 
         
Lo de admitir espectadores no es decisión unánime, sino discrecional según la taifa en la que caiga el club. Barandas hay que para mejor vigilar la peste de la China no van a dejar entrar a nadie, tal que en la región de Murcia, mientras otros virreyes, como los extremeños, consienten la  mitad del aforo en el Fco. de la Hera o el Nuevo Vivero donde entrarán 7.000 aficionados por ser su aforo de 14.000. En El Plantío creo han redondeado al millar y en El Sardinero y Riazor se habla de varios miles, pero curioso que en Orense no van a permitir a nadie. Ésto es así hasta hoy jueves a las 13,00 horas, pues ya se sabe que la peste anula e inventa decretos a cada hora.
       
En Andalucía se daba por hecho que en el Algeciras/Marbella pasarían al Nuevo Mirador 2.500 espectadores, 1/3 del aforo y aquí en Córdoba 6.600 de 21.555 que caben en El Arcángel. Es decir, también un tercio. Supongo que los clubs de la Comunidad se pusieron de acuerdo para presionar a la Junta y posibilitar que todos los abonados pudieran acudir en directo a los partidos.
     
El Córdoba concretamente, presentó a las autoridades un estudio “seguro y escrupuloso con la salud” y hasta lo puso en marcha dando por hecho que sus medidas para permitir 6.600 espectadores no podían ser rechazadas. Nos convocó a los abonados desde el martes pasado para retirar una localidad con nuestro nombre y la ubicación adjudicada teniendo en cuenta la necesidad de dejar asientos libres. Como no podía ser de otro modo se formaron colas que amenazaban lo que se quiere evitar y al llegar a taquilla nos entregaron junto a la entrada una declaración jurada que tenemos que rellenar en la que confesamos no tener la peste. Debíamos presentarnos hora y media antes del comienzo y asumir que saldremos hasta una hora después de acabado el partido (imaginen que perdemos), con la declaración de responsabilidad, con la entrada nominativa y con el DNI, imprescindible DNI (no podemos ceder la entrada si te toca hacer guardia en el hospital en Sevilla como mi chico), se nos hubiera permitido acudir a ver al Lorca el domingo. ¡Vamos, como si fuéramos a entrar a un quirófano! Reproché educadamente tanto requisito y pregunté qué pasaría si sólo admitían a 800, que al final es lo que dijo ayer tarde la Junta. “Confiamos en que admitan nuestra propuesta” respondió la fémina que me atendió. 
      
No es preciso señalar el agravio comparativo entre comunidades, incluso entre espectáculos en la misma localidad, pero creo que lo que más nos molesta es el continuo no saber a qué atenerse, el riesgo que corres si vas a ver a tu madre por si no te dejan entrar, que en un viaje de siete horas de Córdoba a Burgos al llegar a Somosierra puede que se decida no permitir la entrada en Gamonal más que a los residentes. Y luego, por descontado, está el riesgo de llevar o traer lo que uno no quiere.
      
“Mire, somos socios porque queremos al Córdoba y no lo vamos a abandonar, pero si nos dejan sólo a 800 que es lo que va a pasar, cuando nos toque ver nuestro único partido -uno cada ocho y somos diez en el grupo- y no podamos por trabajo, ¿tiene corazón el Córdoba para no permitir que por ejemplo mi hijo entre con mi carnét o yo con el de mi hijo cuando se nos permita a cada uno?”, pregunté a la taquillera. “Lo del DNI no es norma que ponga el Club” respondió la empleada, que supongo no puede excederse con demasiadas explicaciones.
     
Quedamos a la espera de un sorteo, ese hábitat preñado de incertidumbre que no es exclusividad cordobesa. Estamos condenados a revolcarnos en él, todos los españoles.