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sábado, 18 de agosto de 2018

Melancolía

La mano enguantada de Felipe Trigo 

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Se puede discutir si la democracia es presentarse a unas elecciones y que te voten, como hizo Trump, o comprarse un periódico y que no te lean (y si te leen, que no te obedezcan), como les pasa a Bezos y a Slim. Sería una discusión de bar a las tres de la mañana, que se acaba con las copas que uno necesitaría para enfrentarse al párrafo inmortal que describe la prensa como esa rama del poder que se ocupa de hacer que todo parezca un accidente:
   
 –El presidente Trump está decidido a alinear a Estados Unidos con las tinieblas, mostrándose condescendiente con los regímenes autoritarios y transformando la América de Lincoln, Jefferson, Roosevelt y Obama en una reliquia para la melancolía.
    
Lincoln, Jefferson, Roosevelt… ¡y Obama!, el que pidió perdón en Viena “por no hablar el austriaco”.
    
Vista la simpática lamentación socialdemócrata (“¡Nos quieren cerrar!”), diríase que este nuevo periodismo busca que todas las “cuerdas místicas de la memoria que hacen de una colectividad humana una unidad” (Lincoln, pero sobre otro tema más serio) vibren al sonido de palabras extraídas del “editorial conjunto” sobre la melancolía que produce que ya nadie te haga caso.
    
Libertad de expresión y libertad de pensamiento son excluyentes, y por tanto, a efectos de negocio, inexistentes. Existe la libertad de prensa, que no consiste sino en que todo aquél que no esté contento con lo que diga el periódico de Pepe o Slim puede establecerse en el local de enfrente con el periódico de Paco o Bezos. Lo demás es literatura; en el mejor de los casos, literatura de Felipe Trigo, cuya mano enguantada en negro (se la machetearon en la guerra colonial de Filipinas) se me aparece cada vez que veo un folio en blanco.
    
Del periodismo americano, Pulitzer incluido, supimos en España por el caso del “Maine” en Cuba. En seguida lo imitamos aquí, cuando el caso Ferrer, al grito, que fue berrea, de “¡Maura, no!” Y, hoy, los hijos de la luz son los Jim Acosta (¡dando la razón a la Biblia!).