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viernes, 24 de agosto de 2018

Cosmovisiones

 Los huesos de Cortés


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Si uno arrima bien la oreja verá (“óyeme con los ojos”) que toda la música de viento de nuestro “mainstream” con los huesos de Franco, fundador de la España actual, es la misma música de viento del “mainstream” mexicano con los huesos de Cortés, fundador del México actual.

    –Perro que trota, huesos encuentra –decían los gitanos a Borrow.
    
Pocos perros habrán trotado tanto como los huesos de Cortés. Pero uno y otro “mainstream”, los más reaccionarios de obra y los más progresistas de verbo, encontraron en los osarios su nirvana moral, la Revolución Institucional. O, en expresión de Octavio Paz, la “mentira constitucional”:
    
La mentira política se instaló en nuestros pueblos constitucionalmente. Nos movemos en la mentira con naturalidad.
   
 En la cosmovisión leninista, Cortés es el execrable invasor (Franco) contra quien una paradisiaca nación precolombina (la República del doctor Negrín) reaccionó 300 años después (43 ha necesitado Sánchez), recuperando un hilo sólo transitoriamente interrumpido. ¡La independencia fue la restauración de la libertad perdida en 1492! Carlos Rangel recuerda que semejantes neurosis colectivas responden a necesidades de equilibrio psíquico y son exacerbadas por quienes se aprovechan de ellas para manipularlas en la promoción de proyectos políticos.
    
Somos lo que somos porque Hernán Cortés, para bien y para mal, hizo lo que hizo –dijo Paz. Y ardió Troya.

    Parafraseando a Paz: el odio a Franco sería odio a nosotros mismos. El mito impide vernos en nuestro pasado y, sobre todo, bloquea la reconciliación de España con su otra mitad. El mito nace de la ideología, y sólo la crítica a esa ideología podrá disiparlo. El dictador debe ser restituido a la Historia: así dejará de ser un mito antihistórico y se convertirá en un personaje histórico, es decir, humano.

    Pero el tabarrón en España acaba de empezar: hoy, Franco, y mañana, Doña Marina, que lo mismo puede ser Suárez que Cebrián… o González, que como Malinche no está mal.