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domingo, 12 de agosto de 2018

Aires



 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

          De más joven a mí me gustaba mucho el ciclismo e incluso llegué a acercarme a los Pirineos durante el Tour a ver las machadas de Perico e Induráin, pero con los escándalos probados y supuestos se me ha ido quitando la afición, aunque no me resisto a mirar el Tour, la Vuelta y sobre todo la Vuelta a Burgos, espatarrado en el sofá y protegido de la puntual vulgaridad de la calor cordobesa por el imprescindible aire acondicionado. Cuando ayer Iván Sosa, un flacucho mocete colombiano de 20 años anunció desde las lagunas de Neila, mi infancia, que un día ganará el Tour de Francia se multiplicaron las ganas de volver a la casa de la madre -digo madre porque ya falta el padre y no por corrección política-  allá en la Demanda que este año va a tener que ser a partir de la Virgen.
          
El mayor problema que veo a “la caló, caló” (más de 40º) es lo que agalbana. La poca gana que te da de todo y la desesperada querencia que te empuja a un sitio fresco. Sitio que sólo puede ser refrescado por ese invento que los andaluces quieren elevar a la categoría de maravilla de la Humanidad que es el aire acondicionado. Comentaban esta mañana a las ocho entre tostadas unos redondeados bicicleteros en el bar de abajo de mi casa que la ocurrencia va en serio y que “d’aquí a ná” le ponen una calle. “Mejor una rotonda o una plaza grande p’a que tól mundo lo tenga presente” apunta el que parece de más edad, aprisionado entre colorines como morcillón de matanza antigua. Y es que, al parecer, una cuadrilla de ociosos con mejor criterio que el que suele mostrarnos la concejalía de la ciudad, ha propuesto poner una calle al inventor del aire acondicionado, un tal Willis Haviland Carrier natural de Angola (Nueva York) por todo el bien que ha procurado a los cordobeses. A un servidor que probablemente sea uno de los habitantes de la ciudad que más agradece el invento no le parecería mal que para el año que viene, centenario del primer edificio climatizado, un cine de Chicago (estos detalles los estoy leyendo en el google), la alcaldesa Ambrosio y sus variopintos concejales en vez de quitarle calles a los poetas, cavilase para adjudicar una plaza al sabio Carrier y así en vez de Amanecer, palabra que admite pocas preguntas infantiles, los niños obliguen a los padres a documentarse sobre el genio que les apartó de las puertas del infierno.

       Córdoba en agosto es sesteo, desidia, absoluta dejadez que no permite casi ni pensar y  en esas condiciones anda el Córdoba CF, resignado a no fichar a nadie, a empezar la Liga con tremenda desventaja y a confiar de nuevo en los milagros. En vez de pedírselos a Reyes, que el hombre tenía mano, mejor pie izquierdo, se los vamos a rogar a desconocidos juveniles en los que no nos queda otra que encomendar el espíritu cordobesista. ¡Ojalá nos salgan dos o tres Iván Sosa como el que pedaleaba en Quintanar de la Sierra! Por si suena la flauta, los primeros partidos los voy a ver junto a los pinos de aquella Costa del Oxígeno que tanto echo de menos  por verano.