Follow by Email

jueves, 30 de junio de 2016

El espíritu de Weimar

La propaganda política en Alemania
Fotografía curiosa


Muy difícilmente comprendemos aquí, en las latitudes meridionales, el hecho que la fotografía adjunta significa. Se trata de un mitin político que celebran juntos los nacionalistas de Hitler y los comunistas. La cosa es increíble para la patulea fanática a que estamos acostumbrados. Pues esas dos fuerzas políticas representan en la actual Alemania los dos polos de las tendencias más opuestas que allí existen.

Pero ahí están los oradores en la misma mesa presidencial del mitin. En pie, en el uso de la palabra, el caudillo comunista Ullbricht. A su lado, a la izquierda, el lugarteniente de Hitler, Goebbels, que oye impertérrito las razones comunistas. Estos actos políticos, en que hablan representantes de las dos fuerzas irreductibles, ofrecen gran interés espectacular y de eficacia. Suelen realizarse en un teatro, y los partidarios de una y otra fuerzas se sitúan en cada lado del pasillo central de las butacas.

Las masas oyen y aplauden los discursos con una corrección estupenda. Cada sector lateral, naturalmente, a los que pertenecen a su partido. Claro que la cosa no es tan extraña si se considera que, tanto los nazis como los comunistas, tienen un enemigo común: la socialdemocracia, el espíritu de Weimar, el actual Estado.

No obstante, el hecho es sintomático y curioso. Unos hombres, unas masas que probablemente a la salida, a los pocos momentos, se van a acometer con violencia, se reúnen civilmente en un teatro y oyen y respetan los discursos adversos. Así, con ayuda mutua electoral, estos dos partidos son hoy los que dentro del espíritu de Weimar, en la legalidad de los comicios socialdemócratas, presentan unas filas nutridísimas de diputados en el Reichstag.

Nuestra fotografía es, realmente, una cosa bien exótica aquí en España. Nosotros lo sabemos por experiencia. Pues hemos iniciado algún conato de inteligencia con los comunistas, a los que desde luego creemos con tanto derecho a hacer sus propagandas como cualquier partido burgués, y se han mostrado tan zafios e incomprensivos como unos señoritos burguesetes de la izquierda liberal.

La Conquista del Estado
Madrid, 18 de abril de 1931