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jueves, 30 de junio de 2016

Venganzas

Mayor Douglas Alexander Henry Graham


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En Morata de Tajuña, cuna de Rocío Dúrcal, vive un islandés de manera muy ajena al fútbol, y el otro día hizo de Manolo el del Bombo para celebrar la eliminación inglesa de la Eurocopa a manos, o a pies, de su país, el país de los frailecillos.

¿Y tanta alegría?

Mi no olvidar la Guerra del Bacalao en los 70.

La venganza, en efecto, es un plato que en Islandia se sirve frío.

El secretario americano Kerry, ese Sam Malone (Ted Danson) al que una primera edición de “El País” hizo presidente de los Estados Unidos en 2004, ha tenido que viajar al “Cheers” de Bruselas para recordar a “los líderes” (denominación diplomática de “eurócratas”) que no quiere… 
“venganzas” contra los ingleses por el “Brexit”.

¿Qué hace usted aquí? –preguntó en la Eurocámara (frigorífica) el eurócrata Jean-Claude Juncker al eurófobo Nigel Farage.
“Helo, helo, por do viene / el infante vengador”.
Hombre, Jean-Claude: esos c…, en Gold Beach, con el mayor Douglas Alexander Graham desembarcado en Normandía para montar “Puerto Churchill”. O con el De Gaulle del “au revoir” a la Otan.

Y no es que no entendamos a Juncker: es el ordenanza de frau Merkel y defiende su nómina como un tejón (“meles, meles”) su panal de rica miel. Su lema institucional es el galdosiano (“Miau”) “a mí que no me toquen el cocido” (“Noli me tangere cocta mihi”, en el latín de Google).
En esta Europa que de Tarifa a los Urales no tiene otro sueño que el Estado, y donde resultaría bastante difícil matar a nadie que no fuera funcionario, Juncker es un Clint Eastwood de la edad del funcionario-directivo, a medias entre “La Revolución Gerencial” y “El suicidio del Oeste” de James Burnham. Es ese arte de gobernar que, según Voltaire (el “philosophe” en cuyo busto de Houdon los periodistas de fútbol ven, al decir de Hughes, al periodista de coches Lobato), consiste en hacer pagar a los dos tercios de una nación todo lo que es posible obtener de provecho del otro tercio.

Y, además, la Guerra del Bacalao.