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viernes, 10 de junio de 2016

Córdoba, 2; Gerona,1

 Razak, entre mi presidente y vicepresidente

Por si los deseos se convierten en órdenes


Francisco Javier Gómez Izquierdo


       A las siete y media de la tarde rondaban los cuarenta grados en El Nuevo Arcángel  y el Córdoba calentaba al sol, mientras el Gerona, con más sentido común, lo hacía a la sombra de tribuna. Los aficionados no sabíamos cómo tomarnos el valentón alarde de nuestro equipo. Fue comenzar el partido y comprobamos que nuestros jugadores salían a comerse el mundo. Los tres centrales gerundenses se vieron desbordados ante el empuje de Nano y el instinto asesino de Xisco.
      ¿Como explicar lo de Xisco con el cordobesismo? Xisco es como ese hijo calavera refractario a todo tipo de terapias y que acepta el castigo que le pongas porque reconoce su mala cabeza. En realidad no tiene malos sentimientos y es educado en el colegio, con la familia y el vecindario, pero... Xisco es delantero centro como Florín; tiene más calidad técnica que Florín; tanto gol como Florín, pero...

Cuando los carrileros, ni defensas ni extremos,  Maffeo y Clerc, sobre todo Clerc, se plantearon defender a Nano y a Fidel su equipo perdía dos a cero y aún no se había cumplido el primer cuarto de hora de partido. El Córdoba, al que veíamos inspirado como nunca, de repente se apoltronó y dejó hacer al Gerona. A la media hora, Richy, el defensa que desplaza el balón como Koeman, desde cuarenta metros disparó a puerta como para probarse. Razak, nuestro extravagante guardameta, tardó un siglo en darse cuenta de que la pelota venía a puerta y tuvo que hacer un despeje para remediar el despiste. De esa jugada y después de dos despejes con rebotes venenosos, llegó el gol de Cristián Herrera, un buen delantero, que se mueve en la media punta. Ahí, a los 30 minutos, se acabó el partido. Pere Pons, un chico joven que juega de medio centro con inteligencia y elegancia propias de mejor categoría, se hartó de mandar, pero no encontró profundidad salvo en Clerc, un rubio tirando a blancuzco como de la color de noruegos o islandeses al que Machín, pelendón como un servidor pero de la parte soriana, utiliza como su Gordillo particular. En la segunda parte comprometió en varias ocasiones a Stankevicius, pero lo cierto es que en ninguna de las dos porterías hubo peligro de gol. Bueno, sí, en el último minuto.  Alcaraz saca una falta inventada por el colegiado. Razak, en vez de despejar el balón  a córner, lo deja muerto a dos metros de la portería. Kiko Olivas remata como puede para que  nuestro portero enmiende su disparate y provoque quince mil infartos. 
   
Pablo Machín, que es entrenador sensato como pocos, declaró en sala de prensa que con el 2-0 y tras un poste que pudo ser el tercero, temió un desastre de los gordos. No dijo nada del repliegue que ordenó su colega Oltra, ni de la confianza que parecen tener los jugadores del Córdoba en la eliminatoria. No crean que es comentario gratuito y sin argumentos. ¿Por qué, si no, las pérdidas continuadas de tiempo de nuestro portero Razak? ¿Y la desaparición de los recogepelotas en toda la segunda parte? ¿Es seguro que en Gerona Xisco volverá a marcar? Que sea lo que Dios quiera.