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viernes, 3 de junio de 2016

En la muerte de Rodolfo Rodríguez, El Pana



De nuestra última tarde con Rodolfo Rodríguez, El Pana

El Pana es México y el exceso del arte barroco, que pide un punto de vista cercano.
   
Los filósofos dicen que todas las grandes decisiones de los hombres son excesos, desde el caminar de pie hasta el hablar al aire, pues toda palabra humana es un disparo a lo abierto.

    –¡Brindó un toro a las putas! –le espetó el Loco al Pana en un plató.

    Cierto. “Dios las bendiga por haber amado tanto”, dijo en aquel brindis televisado El Pana, cuya fascinación por esas mujeres sólo es equiparable a la que su compatriota José Luis Cuevas (el artista vivo más grande del país) confiesa a cada paso: el burdel como su “lugar preferido entre todos”, afición que le viene, dice, del cine mexicano de los 40 y 50, con sabor a Emilio el Indio Fernández. Y cuando a Cuevas treinta y dos mujeres empresarias le dieron en Madrid un almuerzo de homenaje y le preguntaron si era feminista, contestó:

    –No. Yo soy mujeriego.
   
Contra el exceso arraigado en la naturaleza humana, los antropólogos predican moderación, que es esta socialdemocracia que contra el alzamiento de las barretinas toca el piano y sin embargo se aspa ante un torero que hace el paseo con puro y sarape y que se atreve a decirle al Loco:

    –He podido con los toros más fieros, pero no con el de Domecq, que está en un litro.
   
Todo es viril con Frascuelo y El Pana.
   
En Frascuelo ves la dignidad estética, y en El Pana, la dignidad festiva, porque la fiesta mexicana (el constante advenimiento de lo insólito) no es sólo un exceso (Paz): también es una revuelta, una súbita inmersión… en la vida pura





El único chaletas es mi menda

"Mi Pana, los ídolos populares nacen cada veinticinco años"

Debemos estar agradecidos con los españoles por traernos el toreo

Los coletudos se distinguían por ser bohemios, tirados para adelante, arrojados, caballerosos
 Conquistaban a las luminarias del cine internacional

No me quería llevar a mi madre entre las patas
 El borracho es egoísta, nada más piensa en consumir y olvidarse del mundo, de su gente

Quien con lobos se junta, se despierta aullando

 Hay que provocar escándalo, dijo Dios a los apóstoles