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lunes, 13 de junio de 2016

La horda y la baraka



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Con la Europa futbolera vuelve la horda de Inglaterra y la baraka de Móstoles.
    
La horda inglesa inventó el fútbol para sus días sin guerra como placebo de una raza hecha para la lucha agonal. Y como el fútbol es una cosa que, repetida a discreción, atonta que da gusto, en seguida la copiaron todos. La TV hizo el resto.

    La horda inglesa ha reaparecido como lo que es en Marsella, cuna de Zidane, y el beaterío socialdemócrata que asola culturalmente a Europa ha sacado del cajón los más estropajosos tópicos de la psicología biempensante para condenar la movida “hooligan” de ingleses contra rusos.

    –¡Que se vayan!

    Que los ingleses se vayan de la Eurocopa, puesto que de la Unión Europea, prácticamente, ya se han ido.

    ¿Queréis iros de la Unión Europea? ¡Pues hala, fuera, también, de la Eurocopa!
    
El “Brexit” futbolero es menos dañino para la Eurocopa que el “Brexit” político para la Unión Europea, pero la Uefa, presidida por Michel Platini (cada día más parecido al Monsieur Pignon de “Le dîner de cons”), es más de dar escarmientos que frau Merkel, la Bernarda Alba de Bruselas, aunque tampoco tiene con qué.

    La “guerra” anglorrusa (las dos naciones, con España, que más veces han salvado la europeidad) perjudica la causa del pobre Benzemá, que quería presentarse como el nuevo Dreyfus de la situación con su acusación de racismo contra Deschamps, que se da mucho aire a Bárcenas, y no por el banquillo. Benzema no cayó en la cuenta de que Francia es hoy una monarquía de paisano en manos de españoles rebotados, con Valls, un primer ministro catalán, y de Martínez, un sindicalista montañés, más la alcaldesa de París, una Carmena de Cádiz que cree (porque es lo que ha estudiado) que a Francia la liberó del nazismo la división Leclerc. Imposible, pues, dividir a Francia entre “dreyfusards” (partidarios de Dreyfus) y los “antidreyfusards” (opositores a Dreyfus) por una causa tan pequeñita como la de Benzemá, y menos teniendo en la selección a Payet. Benzema carece de “baraka”.

    La “baraka” es la manera árabe que tienen franceses y españoles de llamar a la suerte inexplicable que adorna, pongamos por caso, a Casillas, nuevamente el favorito de los españoles en las encuestas para la portería del Combinado Autonómico, igual que lo es Pablemos para conducir al pueblo español adonde le corresponda.

    Con Del Bosque, Casillas era suplente en el Madrid cuando César se quedó cojo en la final de Glasgow: salió Casillas, que con sus paradas salvó para la historia la volea de Zidane, y luego lloró mucho, que fue su forma de dar las gracias por tanta baraka. Después vino el Mundial de Japón y Corea, y Casillas era con Camacho suplente de Cañizares, que dejó caer un frasco de colonia (tamaño familiar, sería) que le rompió el pie, convirtiéndose en el perfume derramado más famoso desde el que María de Betania derramó (trescientos gramos de carísimo nardo puro) sobre los pies de Jesús, dando ocasión al primer alegato de demagogia podemita de la historia, obra de Judas, que habló como un vulgar Errejón, el becario “black”:

    –¿Por qué no se ha vendido este perfume por el equivalente al salario de trescientos días, para ayudar a los pobres?
    
Cañizares volvió a su casa, que estaba en Puertollano, y Casillas jugó el Mundial. Ahora, en Francia, Casillas debía ser suplente de De Gea, cuya reputación moral ha sido puesta en duda, de pronto, por un lío de lumis, y al piperío le ha faltado tiempo para echarse otra vez, supersticiosamente, en brazos del “Mejor Portero de la Historia”.


María de Betania

LA ABSOLUCIÓN DE CRISTIANO

    Cristiano Ronaldo se cree el mejor futbolista de los últimos veinte años. Si quince años vienen a ser una generación cultural, veinte son una generación futbolística, y para Ronaldo el mejor de la última generación es… Cristiano, cuya autoestima escapa a los límites estudiados en “La Psicología de la autoestima”por Nathaniel Braen, el McLuhan setentero de la autoayuda, que pasa por la autoconciencia, la autoaceptación, la autorresponsabilidad, la autoafirmación y todos los autos que ustedes quieran, hasta que viene Messi con su risa de lirón y todo queda refutado. “No era Mozart el que reía, padre, era Dios. Dios se reía de mí a través de aquella obscena risa”, le hacen decir en el cine a un Salieri que nos absuelve: “¡Mediocres del mundo, yo os absuelvo!”