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martes, 28 de junio de 2016

Minibar de Mou. “Montjoie Saint Denis!”

¿Tadzio o Conte?

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    España se ha hecho un “brexit” en Saint Denis, cuna del gótico, con un gol de Chiellini, que es una gárgola (del francés “gargouille”, garganta).

    “Montjoie Saint Denis!” es el “Santiago y cierra España” de los franceses, pero en Saint Denis, ante Italia, el único español que cerró jacobinamente fue De Gea, que salvó al equipo de una goleada… gótica.

     La diferencia entre Italia y España fue la que puede apreciarse entre la belleza de Conte y Del Bosque: Conte es guapo como un San Luis, el hijo de Blanca de Castilla que transformó Saint Denis en necrópolis real. “Montjoie Saint Denis!”
    
Con el bello Conte en el campo, ¿quién iba a cantar qué bonitos son los goles de Nolito?
   
Nolito aporta esa cosa bizarra, racial, que ya apuntara Güiza, pero que se diluye en estética cani ante la apòstura italianísima de Conte, capaz de acomplejar a Del Bosque, que no se atrevió a salir del banquillo, tal que un marqués de Buñuel.

    España jugó a lo de siempre, que es el futbolín culé, tuya-mía, mía-tuya, rondo y rondón, y ahora me tiro porque lo digo yo, que funciona en el Barcelona de Leo, que cuando leo Leo, leo Poldo, y cuando leo Poldo, leo Leo, Leopoldo, que viene de cumplir con Argentina su última misión… hasta el año que viene. (¡Y todavía se empeñan en la comparación con Maradona, que hizo campeones del mundo a Pumpido y Valdano!)
    
A Italia, con tres centrales y más años que el Coliseo, no se le puede ir a asustar con un rollo tiquitaquero más el cuento mediático de los títulos de Mejor Futbolista del Mundo y Mejor Central de la Historia y Mejor Pivote de la Eurocopa y Qué Laterales, Señores, De Lo Bueno Lo Mejor, De Lo Mejor Lo Superior, y la Roja Siempre Moja, porque eso es como ir a asustar a un notario con un lirio cortado o dar muerte a una monja con un golpe de oreja. Porque, a todo esto, para tiquitaca, el de Conte.

    Con los clásicos en la mano, a España habría que compararla con un hombre que, tras intentar toda la noche conquistar a una belleza enmascarada en un baile, cuando ésta por fin se quita la máscara, descubre que se trataba de su propia mujer.

    Qué pena la España que se va. Y qué pena la Italia que se queda: en los brazos de Conte, pero en el rodillo de lo alemán. “Montjoie Saint Denis!”