viernes, 30 de enero de 2026

Locos normales


@Cerni_report

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Se lo dijo Trump a Jonás, primer ministro noruego: “Considerando que su país decidió no darme el Premio Nobel de la Paz por haber detenido más de ocho guerras, ya no siento la obligación de pensar puramente en la paz”. Y firmó la orden ejecutiva para la reapertura de los manicomios, más, se supone, el incendio de Persia, con sus sultanes lorquianos dentro.


Creo que nuestra sociedad está dirigida por gente loca con objetivos locos –decía John Lennon en la BBC del 68.


El dedito meñique de los liberalios nos ha traído a esta patocracia (Lobaczewski) bioleninista (Spandrell) que gozamos. Explicado por Spandrell, el bioleninismo es una variante del leninismo como forma particular de contratar personas para tu organización: un sistema de promoción del desperdicio social como fin último, que elimina la competencia en aras de la lealtad. Dado cómo funciona la sociabilidad humana, es un milagro, para Spandrell, que la competencia sea recompensada: “La misma razón por la que todas las amas de casa prefieren una niñera hondureña cuarentona a una ucraniana veinteañera”.


Una vez que entendí esto, dejé de preguntarme por qué la humanidad tardó tanto en desarrollar la ciencia y la industria.


Una forma rápida de entenderlo es la kermese de expertos en la TV del Régimen cascando sobre el penúltimo accidente ferroviario en el país de la Renfe (presidida por el autor de “El Potencial de las Variables Latentes en Modelos Explicativos del Uso de la Bicicleta”). Ante la peliaguda cuestión de “si la colisión fue entre trenes o contra la propia vía” (sic), el ojo al dato de “un dato importante: las ruedas de los trenes son una especie de cuadrado” (sic), con lo cual nos vamos a publicidad: “Mitos ancestrales y penes monumentales en la ‘locura’ no apta para menores de Marina Abramovic en el Liceo: ‘Es una nueva forma de arte’.” (Titular periodístico).


Trevijano incluyó en sus “Pasiones de servidumbre” la pasión de ser locos normales:


¿En qué régimen vivimos? Por su lenguaje idiotista, sus abisales silencios, su mitomanía, sus obscenidades, sus idolatrías, su culto a la deslealtad, su pérdida de memoria, sus diezmadas culturas, sus crímenes de Estado, su falta de justicia y sus indultos de gobierno, se reconoce al instante el régimen de vida, en manicomio estatal, de unos locos normales.


Cita a Santayana, para quien dos deidades, el Castigo y el Acuerdo, flanquean la locura normal y la mantienen dentro de sus límites. El Castigo, se nos dice, libera a la sociedad de sus locos individuales, para que la silenciosa paz de la indiferencia se instale en ella. El disentimiento de la opinión común constituye la locura personal, y se combate con la persuasión del Acuerdo, que es el método de la locura por consenso.


Si el disidente persiste en su locura extraviada, el Castigo sofocará su pensamiento y silenciará su expresión, en aras de la tranquilidad de la locura nacional y de los locos normales por pasión de consenso.


[Viernes, 23 de Enero]