martes, 20 de enero de 2026

El amo del pueblo

 


Peter Sellers y Jean Seberg en
The Mouse That Roared


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El PP, partido de la derecha liberalia, teme que “las próximas elecciones puedan ser manipuladas por hackers rusos y chinos”. Lo de los rusos se entiende, porque, para la derecha liberalia, desde Serrano Suñer, “¡Rusia es culpable!”. Pero ¿los chinos? El PP tiene suscrito con el Partido Comunista Chino (Cospedal en 2013 y Soraya en 2016) un acuerdo de cooperación en el plan “España y la nueva ruta de la seda: cómo aprovechar el tren Madrid-Yiwu”, a sabiendas de que el futuro del Occidente está en el Oriente, mal que le pese a Trump, que va por ahí repitiendo los disparates que le dicta Miller, un Rubiales de Santa Mónica que tiene una idea del poder como la del joven Henry Hill (Ray Liotta) en “Uno de los nuestros”.


Soy el presidente de los Estados Unidos, revestido de gran poderhubo de decir un día Lincoln a dos senadores recalcitrantes, y estas palabras impresionaban a Borges más que el hecho de que el presidente un día fuera esclavista y al otro no.


Podemos figurarnos la cara de Borges, de haber oído la respuesta de Trump a un revistoso del New York Times que le preguntó por los límites de su poder (la Constitución del 87 se la fuman ya hasta los revistosos del NYT):


Sí, hay una sola cosa: mi propia moralidad, mi propia mente. Es lo único que puede detenerme. No necesito el Derecho.


El Derecho como facultad de las cosas inútiles, que fue el gran descubrimiento de Stalin. “¿Tengo el derecho a hablar del poder?”, pregunta Schmitt: “He vivido en carne propia todas las formas de poder. He estado en la barriga de la ballena. Lo he contemplado desde la cercanía y desde la lejanía. Siempre he buscado y encontrado buenos lugares de observación, en la oreja izquierda o en la oreja derecha del Leviatán, en sus fauces y en su cola. Yo podría decir, al estilo de Walt Whitman: quien dice derecho quiere engañar, quien dice poder quiere desenmascarar; el poderoso no habla del poder; no piensa en el poder”.


“A thrill a minute” (un estremecimiento por minuto), cuenta Camba que decían los anuncios de las películas de gangsters en Nueva York. Y eso está siendo la segunda presidencia de Trump, que ahora apetece Groenlandia (¡acabemos con esa dictadura!) ante el dedito levantado de la UE, que ha rescatado de la filmoteca “The Mouse that Roared” (1959) de Peter Sellers, apelando a lo que Russell llamaba “éticas de ratón y gato”. Dice un niño a otro: “Juguemos al ratón y al gato. Yo soy el gato y tú el ratón”. Y el otro: “No, no; tú serás el ratón y yo el gato”. Si uno de ellos logra imponerse, impondrá también, dice Russell, “la ética del gato, o de la raza nórdica, o cualquier otra doctrina semejante de desigualdad, doctrinas que tienen únicamente los intereses del gato, no los del ratón, y éste tiene que aceptarlas en virtud del poder desnudo”.


Aquí, don José, es el amo del pueblo –arranca “El amo del pueblo o el origen de la soberanía”, de Pemán, pero no sabemos quién es el don José americano.


[Martes, 13 de Diciembre]