jueves, 15 de enero de 2026

Campanilismo


Groucho y señora Claypool


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Desde que el gobierno municipal se desplazó a Copenhague (en Madrid, y como esos defensas de cierre que se quedan atrás mientras todo el equipo acude como a una matanza a rematar un córner, sólo está Ana Botella), se nota en los pechos de las gentes el hervor del patriotismo olímpico, que es un patriotismo de andar por casa. “Campanilismo” llamaban los italianos del Renacimiento a ese sentido local del patriotismo que vive de la rivalidad con los pueblos vecinos, lo cual, por cierto, dio lugar en Italia a una arquitectura municipal que quitaba el hipo. No es el caso de Madrid, claro. El Renacimiento fue el Renacimiento y los Juegos son los Juegos, aunque la clase política ve el saco del presupuesto y en seguida piensa en otro Siglo de Oro. Este brillo acaba por contagiar al pueblo. “Dame continencia, Señor, pero todavía no”, rezaba el joven Agustín. “Danos austeridad, Alcalde, pero todavía no”, rezan los laicos votantes de Gallardón, que esperan que esta música olímpica acaricie sus oídos como los cheques de la señora Claypool acariciaban los bolsillos de Groucho. ¿O era al revés? Austeridad, pues, a partir del viernes, siempre y cuando no nos den los Juegos, que parece lo más seguro, ya que Gallardón se enfrenta a Lula, que cuenta con el espantajo de Mel Zelaya, y a Obama, que, en efecto, es un tipo huero, chirle y hebén, pero maneja a un ejército mundial de manolos del bombo: los Manolos del Bombo de Obama, animados por la gentil Michelle como la abuela del Betis anima a los verderones en Híspalis. ¿Qué ofrece Gallardón? ¿Una función de “La Casa de Bernarda Alba” en el Matadero con Nuria Espert contratada por Alicia Moreno, la “calígula”, que quiere decir sandalia, del coche oficial? La audacia es olímpica, pero no alcanza al “petardeo” de los Obama ni al liberalismo homérico de Lula, primo de Zumosol de Mel, el Demócrata. ¿Campanilismo? El caso es que mi vecino marchó de madrugada a la romería de Rivas a pedirle al Cristo los Juegos: “Ya que se quema la casa, calentarnos con ella.”