Hughes
Pura Golosina Deportiva
El partido empezó con el golazo de Valverde, estallido que se llevó gran parte de la energía del partido.
El Madrid comenzó con primeros toques de espaldas de Gonzalo. El nueve da forma al equipo. También hubo buenas acciones de Bellingham.
Vinicius se las veía con Llorente, rubio como de camomila, un hombre que se cuida la mitocondria y encima ‘motivao’.
Tras esas primeras presentaciones, el partido no era ni pa ti ni pa mí, ni bueno ni malo. Un poco la fea entropía del cholismo. El Atleti buscaba a Sorloth, con su pinta de espía del otro lado del telón de acero o boy de una gala de Moreno.
En la grada, un jeque misterioso miraba todo eso quizás con un poco de asco. “Pagar por esto...”
Camavinga quería dar primeros toques, o sea, las intenciones fueron buenas, pero del bloque medio se fue pasando a casi casi al bloque bajo, el Madrid colocando el carromato cerca del río del área.
Había poca continuidad, una sensación de pasotismo veraniego. No pasotismo. Cuando hay tan poca energía que parece pasotismo. No es que pasen, es que parece que pasan.
Cuando el Madrid empezaba a estar peor, hubo una contra estupenda que luchó Carreras y llegó a Rodrygo, que acabó con un recorte que valdría en los toros y un chut flojito (su debilidad) ante Oblak.
Luego hubo otra ocasión, un pase largo y michelesco de Bellingham que Vinicius remató un poco con la faz, llegando al fotomatón pero sin dirección suficiente.
El Madrid iba asumiendo que lo mejor suyo era esperar y salir al contragolpe. La salida de la pelota era una M30 y sólo se podía prosperar, como hizo Bellingham, muy al final del primer tiempo, con una cabalgada heroica de área a área. El bloque casi bajo se hizo definitivamente bajo y empezaron las ocasiones de Sorloth, las paradas de Courtois y alguna llegada peligrosa de Baena. Esto es como lo que contó la nutricionista que le decían los médicos del Madrid cuando se quejó de la bollería en el desayuno: “Así llevamos 15 Champions, señora”.
El Madrid de Xabi Alonso acabó la primera parte en la cruz y ahí subido se quedó en la segunda. La defensa se iba confundiendo con la apatía. ¿Apático y numantino pegan? Los jugadores seguro que corrían pero la mezcla de todos ellos transmite desconexión, falta de señal, separación mente-cuerpo.
Era ya un total, completo y prolongado bloque bajo, un BB. Muerta Brigitte Bardot, BB ahora es el bloque bajo del Madrid. Sin subidas, sin pelota, hasta que en el 54, Valverde conectó con Rodrygo por las márgenes derechas, de nuevo fértiles, del Ganges y Rodrygo llegó, regateó y marcó con suavidad deleitosa.
Era mucha la alegría para que durara y en los vasos comunicantes brasileiros hubo un vuelco. El ataque del Atlético se fue a la derecha y en una desatención de Vinicius (encontró un límite o frontera invisible en la que, como si fuera un robot sin jurisdicción, decidió no entrar, dejar de defender) marcó el Atético el 1-2. El gesto de Xabi Alonso encontró la mirada asertiva de su auxiliar y parecía señalar un culpable.
Ahora no se puede señalar a un jugador porque el madridismo está dividido sectariamente entre vinicistas, mbappeistas y cosas así. Esa división es producto de la imposición táctica de los dos. Como se intuye que uno sobra, el público lo debate.
Sin esperar, el Atlético movió el banquillo. Cholismo fresquito al campo, piernas nuevas (decimos “pie” para el toque, “pierna” para el correr, como cabeza y corazón significan una cosa y otra) lo que intensificó la bajura, que no bajeza, del bloque. Junto al crujir táctico empezó el físico, lesiones, lamentos, quejas.
Xabi Alonso tuvo que retirar a los centrales (la lacra es bíblica) y entraron Fran García y Mendy, que juntos en la banda parecían dos signos de negación lógica uno junto al otro.
Xabi blindó la banda izquierda con ellos, palabra que quizás sea excesiva pero que apetece usar porque reconoce el espíritu de la medida.
También retiró a Vini, cambio entre silbidos (los madridistas árabes ya pitan como todo el mundo, ojo a ese avance: ¡ni los unos son tan buenos, ni los otros tan...!). Cuando el madridismo se disponía a interpretar el silbido arábigo, si para el cambio o para el cambiado, y a ver el gesto con el que Vini y Xabi se saludaban, irrumpió el no siempre inteligente Simeone con unos gestos al brasileño: señalaba a la grada, a los silbidos, ¿ves? o ¿vos ves? o ¿vos escuchás? El efecto fue unir el cisma, porque tanto Vinicius como Xabi le contestaron.
Luego siguió ya un bloque bajo sin esperanza de otra cosa y se sufrió un poco con intentonas de Llorente y una final de Griezmann.
El Madrid pudo haber salido peor, pero mejoró respecto a meses pasados. Quien piense que es poco lo que hay, que recuerde de dónde se viene.
El Madrid se va construyendo sobre el bloque medio, pero no le hace ascos al BB. Así sufre y se cohesiona. Ya no es una humildad estratégica, como la de los Modric y compañía. Ponerse el traje de humilde. Ahora es una humildad distinta. La de Fran García, por ejemplo. Es que no queda otra. No es que sepa ser humilde. Es humilde y ha de aceptarlo.

