Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Decían los clásicos que hay personalidades a quienes, por lo mismo que son fuertes, no se alude tímidamente y de lejos. Ya de este modo se pensaba en la Corte del Rey Arturo: “Si quieres hablar de Perceval, di bien alto: Perceval... y saca la espada.” O mejor: saca la espada... y di bien alto: ¡Camacho! Porque, a expensas de lo que le cuente a Labordeta el sociólogo alemán que ZP ha contratado como atracción para esa comisión de investigación que parece el consultorio de Lorena Berdún, el culpable de lo del Madrid en Alemania se llama José Antonio Camacho, que cada día se le pone más cara de Carmen Calvo. El Madrid tiene la mejor cuadra de puras sangres del fútbol, pero el año pasado no ganaron nada –la Supercopa de España es una de esas ganancias que sólo se celebran en Barcelona, cuando la pillan–, y la masa les gritó: “¡A arar! ¡A segar! ¡A esparragar!” Etcétera. Entonces Florentino Pérez les trajo a Camacho, y ahí están hoy todos los Pegasos atados a un arado. Para los brasileños, naturalmente risueños, Camacho es un señor que siempre está cabreado. ¿Por qué? Pues porque quiere poner a Ronaldo a perseguir centrales, y Ronaldo, que no es El Guerruj, pasa de perseguir centrales. Por otro lado, ¿quién va a ir al Bernabéu para ver a Ronaldo perseguir centrales? “¡Tú, a correr!” Ésta fue la orden más celebrada por la prensa este verano. Se la dio Camacho, que es de Cieza, a Ronaldo, que, como Liberty Valance, es de allí de donde cuelgue su sombrero. Un día, huyendo de otro capataz que quería ponerlo a perseguir centrales, colgó su sombrero en Madrid, donde fue feliz y, por consiguiente, metió todos los goles que se le pusieron por delante. Pero en el Madrid de Camacho, como en el Barça de Van Gaal, sólo se habla de medios centros y de defensas centrales. Van Gaal no quiso a Ronaldo porque en su equipo, decía, no tenía sitio; en su equipo, todo el sitio lo ocupaba Luis Enrique. Camacho debutó en el fútbol anulando a Cruyff. Sin embargo... ¡bendito Cruyff! Y benditos sus equipos, huérfanos de medios centros y defensas centrales.

