domingo, 11 de enero de 2026

Callejeo


Julio Camba


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Quéjanse algunos de que, con la cosa electoral, se prometen cosas que no hacen falta, esto es, superfluas, y que al escritor Benjamín Prado, que ahora es de izquierdas, lo hacen pensar, dice, en aquella reacción del periodista Julio Camba –que ahora es de derechas– cuando recibió la visita de una delegación del Ayuntamiento (?) para comunicarle el propósito de poner su nombre a una calle, y contestó: “¿Una calle? ¡Si yo lo que necesito es un piso!” Pero ¿a quién se le ocurre que en Madrid un Ayuntamiento va a ir en delegación por las casas prometiendo calles a escritores en apuros? No lo hizo el de Tierno con Sabina –cuando Sabina pasaba el plato en “La Mandrágora”–, ni lo hará Gallardón con Carlos Fuentes, y eso que Carlos Fuentes no pierde ocasión de pasarle la mano por el lomo a Gallardón. ¡Una calle! Borges decía que el hábito de dar nombres de personas a las calles es una horrible costumbre francesa, y que en Buenos Aires tenía prohibido Lugones que se le diera su nombre a una calle, pero no le hicieron caso. “Yo tampoco quiero convertirme en una calle, una esquina o una estación: es muy triste. No creo que en Inglaterra haya una Shakespeare Street.” Estos refunfuños borgianos los habría suscrito Camba, si un Ayuntamiento le hubiera ofrecido en vida semejante mariconada francesa. A Camba lo que se le ofreció fue un sillón en la Academia, que no es lo mismo. Una calle, hoy, sería capaz de rechazarla incluso Benjamín Prado; un sillón, en cambio, no lo ha rechazado nadie. Yo he visto así de veraneantes con cierta obra literaria haciéndose los encontradizos en Jávea con don Víctor García de la Concha sólo para poder llevarle las bolsas de la compra en Más y Más. Y ahí estuvo la gracia de Camba: él, que vivía en el Palace, dijo a los académicos que no quería un sillón, porque lo que necesitaba era un piso. La calle se la pusieron luego, orilla de las Ventas, quizás por su amistad con Belmonte y Domingo Ortega, aunque él siempre presumió de no haber visto torear a ninguno de los dos.