miércoles, 21 de enero de 2026

Hughes. Real Madrid, 6; Mónaco, 1. To er mundo é güeno


@realmadrid


Hughes

Pura Golosina Deportiva

 

(Perdón por la tardanza y gracias (muchas) a los que colaboran con el blog)


La alineación de Arbeloa entusiasmaba. Valverde y Camavinga en los laterales (una vieja petición), Huijsen de titular, también Mastantuono y la coexistencia Belligham-Güler, que parece la apuesta o novedad más clara de Arbeloa.


Es ponerlo todo. No guardarse nada. El equipo, tal cual está hecho, es un puzzle imposible que sólo dejaba esa salida lógica: ponerlo todo y a correr. A correr mucho, con espiritismo champions. El discurso de Arbeloa: “El Madrid no es un equipo de tácticas, sino de pasión”. Bueno, la táctica es la pasión. Idealmente, el florentinismo sería poner a los de ayer y además a Endrick, a todos, y que corriesen tanto que no se viese que son doce. El ideal florentiniano sería ese: para medio pelo, ninguno: todo al rojo, o al negro, y que la relación gloria-precipicio regule lo demás.


Había algún pitidito a Vinicius, pero como ascuas de un fuego extinto. No hay elementos reales para romper la Pax Florentiniana. Además la gente es muy vaga. Pitar dos días seguidos es un esfuerzo pulmonar serio.


El partido empezó con la sociedad rioplatense activa. Mastantuono, que como si nos leyera llegó rubio (nunca podrá ser moreno, será rubio platino hasta que sea calvo, como Robben) y Valverde, cortante atrás y afilado arriba.


Mastantuono (confieso al paciente lector) es mi jugador favorito del Madrid. Desde el principio, y sin conocerlo de antes. La gente dice que no regatea, pero es que no le hace falta. Cuando lo haga ya se caerá el estadio. Su velocidad, amagues, listura e inteligencia con Valverde fabricaron el primer gol de Mbappé, de una infalibilidad muy seria.


Pasa algo aquí: para que podamos decir que Mbappé está en el mundo de los Ronaldos el equipo ha de dar un salto de seriedad con el que el propio Mbappé ha de colaborar.


El Madrid empezaba enchufado, aroma champions en la noche invernal. El equipo rival parecía propicio, largo y blando como otro Madrid, aunque su entrenador, Sebastien Pocognoli, fuera de cholista por la banda. Los entrenadores parecen personas en la sala de espera de un tanatorio. También Arbeloa: de negro, serio como si acabara de comulgar y con las manos en los bolsillos como el que no piensa sacar la cartera.


El Madrid también salía bien. Camavinga ayudaba más que los laterales habituales y Huijsen demostraba su facilidad para, en nada, atravesar líneas. Quien no vea esta facilidad suya debe ir al médico.


El Madrid fue arrastrado unos minutos por Fede y Franco, Valverde y Mastantuono, y luego se replegó un poquito para salir al contragolpe. Ayer fue, quizás, la recuperación del contragolpe. El regreso de una suerte que se había ido abandonando. El contragolpe exige, como mínimo, cinismo y piernas, o sea, una mínima inteligencia estratégica y “pasión” (entramos en la época del pie con pasión).


El 2-0 en el 26 fue una obra de arte que hubiera firmado el Madrid de Mou. Sucesivas maravillas de Camavinga, Güler (con un pase exquisito que degustar poniendo cara de morantista, con gemiditos orgásmicos de esfera de bogavante con crujiente de beaujolais) y coronación de Mbappé, que es verdad tiene algo de monarca, sonrisa y humor y pachorra de alguien capaz de coronar un equipo d estrellas. Alguien que no pierde nunca el tono. Mbappé es el superhéroe más paciente y bien humorado, hecho o acostumbrado a reinar sobre todos.


Ese gol contragolpeador tan bonito despertó una euforia presionante, una euforia que se hacía presión natural, no táctica, pasional... Esto lo dijimos: ¡el gegenpressing era en realidad madridismo puro!


Aquí se veía el sentido del florentinismo cumplido que podría ser Arbeloa: que el disparate tenga sentido.


(Hay algo de alta cocina: coger la espuma del Madrid, hacer algo con la espuma del Madrid).


Arbeloa es florentinismo-mourinhista. Es Floren puro, extensión presidencial, y esto es bueno y conserva la dualidad amigo-enemigo schimittiana (saludos a Jorge S. de Castro cuando lea esto) bien viva en los medios. Esto lo hizo ya, por cierto, Del Bosque en la Octava. Cohesionó el vestuario alrededor del rencor a la prensa.


El Mónaco tuvo algún momentillo, pues el partido era una fiesta, con un tiro de Pepe al larguero; Mastantuono pudo marcar, pero le faltó un pelín a su rosquita messiana, también Bellingham llegando (Lampard, Ballack) y antes del descanso ya había aplausos, vítores a Vinicius.


Asencio salió por Ceballos, lo que dejaba una defensa curiosa formada por centrocampistas: Valverde, Tchouaméni, Huijsen y Camavinga. El entusiasmo que me produce esto alcanza lo erótico burgalés.



Eurasia Sport Images

Sólo por esto, Arbeloa ya merece una consideración muy seria, aunque fueran las circunstancias las que obraran.


Lo que vino después fue pirotécnico y un regreso a los años pasados, recién perdidos. La sensación fue gratificante y extraña cuando la vida ya ha cambiado tanto.


Hubo un festival de presión y contragolpes, y lo que se recuerda pasado el rato no tiene altura, alterna el bloque alto con el medio y el bajo, queda como un frenesí ansioso y placentero.


El 3-0 lo marcó Mastantuono con la diestra a pase de Vini. Seguimos en la misma idea: estamos viendo aun el dark side of the moon de Mastantuono. El origen estuvo en una anticipación de Huijsen, que es más él hacia delante, defensa para atacar.


El 4-0 fue de Vini, egoísta, necesariamente egoísta, tras amagues sucesivos y colocación contundente a la escuadra.


Se mezclaba la contra de toque mourinhista (con una taciturnez de tercio de Arbeloa) y esa felicidad de que todo caiga de pie, de que las cosas cuadren mágicamente propia de los años zidanianos.


Esa sensación: un florentinismo flexionado de Mourinhismo.


Arbeloa quizás ha sintetizado (y se vio el otro día, su primer día en el Bernabéu, con la elevación de Asencio) un piperismo mourinhista.


Eso está bien. Arbeloa conecta las cosas del club: conecta presidencia y banquillo y conecta a la grada con su ración de pipa tribunera, uniendo, ya digo, el viejo los cojones (Asencio) y el correr raulista con el florentinismo y la pasión ácrata, el amor al caos: tácticas no, solo sentimientos.


Pero Arbeloa tiene tácticas, conocimiento del vestuario y de la psicología madridista y una afición al triatlón que no es ninguna tontería. Es gente que convierte el sufrimiento en placer. Correr, tirarse al agua, agotarse... Conoce los vericuetos psicológicos que llevan al masoquismo del correr.


Ese nuevo Pacto Populista se hizo realidad total y nuevo clima moral del club cuando Mbappé bajó hasta el área a defender. El estadio echaba palmas.


Todas las partes se ensamblaban y firmaban ese acuerdo: palco, vestuario, grada y futbolistas. Y aunque todo era prometedor, lo es realmente, era inevitable pensar que se hacía sobre un cadáver o un chivo expiatorio. Como cuando la viuda, el amante, el ejecutor y el albacea se ponen de acuerdo para enterrar al muerto. Se solucionó el problema del entrenador (alguien que no supo estar del todo con el presi, ni con el vestuario, ni con la grada, ni con la prensa) y, de repente, to er mundo é güeno.


Vini marcó él, por persona interpuesta (Kehrer) y dio asistencias y luego se abrazó a Arbeloa, que le trabaja la mentalidad en la banda con mensajes de apoyo y autoayuda. Refuerzo positivo, eso necesita, como un niño con problemas. ¿De verdad es tan fácil? Parece que sí.


El Mónaco salvó el honor en un gol tras frivolidad sancionable de Ceballos, que sin embargo estuvo bien. Dice mucho o al menos dice algo de Arbeloa que Ceballos haya estado tan vivo en dos ratitos.


Empezaron los cambios y Bellingham terminó de llegar por fin con un 6-1 que celebró haciendo el gesto del pirriaque, dirigido a los bot-arates de Internet que de la noche a la mañana (nunca mejor dicho) comenzaron a encontrárselo en las discotecas.


Pudo caer alguno más en un festival de contragolpes. Tantos hubo que volvíamos a reconocer su dificultad. Como cuando Vini y Mbappé iban dos contra uno. El gran miedo del que lleva la pelota, en este caso Vini, es ser egoísta, pecar de egoísta. Esto facilita la acción del defensa, como si ya supiera el sitio por el que va a salir el jugador. Ese miedo al egoísmo (tener abierta lo más posible la posibilidad del otro) es el gran enemigo de los contragolpes porque genera indecisión. Esos melindres (miedo al qué dirán) son las cosas que un equipo de base o ramalazo mourinhista deberá pulir, pero era algo inevitable en el nuevo y reinante to er mundo é güeno. 



@realmadrid