sábado, 24 de enero de 2026

Carnaval



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Dice el cardenal de Madrid que España vive una situación “parecida a la de los años treinta” porque “el agnosticismo, el relativismo y el laicismo amenazan a la democracia”. Yo creo que al cardenal se le ha ido la mano en esta opinión, pero a sabiendas, porque como buen intelectual sabe que agnosticismo, relativismo y laicismo no pueden amenazar la democracia: son la democracia, razón por la cual un hombre tan elegante como Ruano, sin haber leído los escolios de Nicolás Gómez Dávila, podía declararse demófilo, pero en ningún caso demócrata. En la democracia –fuera del mundo anglosajón, ayunos estamos de lo que es y ahítos de lo que lo parece– la gente se hace agnóstica, relativista y laica porque ni remotamente sabrían explicar qué es agnosticismo, qué relativismo y qué laicismo. Mas, como diría Gómez Dávila (cuya inteligencia me ha sido presentada por un buen amigo), los verdaderos problemas no tienen solución, sino historia, y la estupidez –esto también es suyo– es el combustible de la revolución. Si los tiempos nos parecen revolucionarios –“años treinta”– debe de ser porque nos ahoga la sensación de que entre nosotros ya no cabe un tonto más. ¿No quieren los del cine poner a Penélope Cruz a hacer de Virgen María? La única manera, pues, de ir tirando es vivir como si todo el año fuera carnaval. ¿Carnaval? El cardenal habrá oído hablar de aquel teólogo católico alemán que, después de visitar a las puritanas congregaciones jansenistas de Holanda, exclama al llegar a Colonia y encontrarse con una cabalgata: “Al fin una ciudad con procesiones y con carnavales... ¡al fin, una ciudad católica!” El Carnal no se refiere al sexo, como creen los palurdos de los carnavales municipales, sino al almuerzo. El carnaval bebe, come y se juerguea durante tres días en previsión de que luego va a ayunar durante cuarenta. (Al revés, para entendernos, que la payasada de Iñaqui, nuestro más célebre hombre de paz.) Por eso, en la pelea del libro del Arcipreste, Don Carnal viene con un cortejo de pollos y cebones, frente a Doña Cuaresma, que viene con escolta de lampreas, cangrejos y pescadillas. Es, dijo Pemán, casi una batalla de menús. Pero vaya Su Eminencia a explicarle eso a la tropilla.