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martes, 23 de octubre de 2018

Los “boquis” en danza

El nuevo Secretario General de II PP


Francisco Javier Gómez Izquierdo

       Me empuja el fiel amigo a que haga saber a quien leyere que “los boquis” andan revolucionados a costa del baranda que el nuevo Gobierno ha puesto a gestionar sus asuntos. Los “boquis” ya no son “boquis”, sino funcionarios de prisiones, y los “cacos”, que ya no son “cacos” sino internos, les dicen “Don” a secas porque la farlopa y las “rulas” les impide razonar con claridad y distinguir los Josés de los Jesuses. Sólo los que sobrevivieron a la heroína -muy pocos- ponen nombre al “jefe de módulo” del día: Don Esteban, Don Rafael, Don Miguel... Para ser precisos, los que sobrevivieron a la heroína y los presos y penados por las nuevas categorías delincuenciales. Ya conocen ustedes el refinado pedigrí de muchos de ellos.
      
El caso es que mañana, día 24, el viernes 26 durante el Consejo de Ministros, el 6, 8, 13, 15 de noviembre... y mientras el cerrilismo gubernamental siga faltando a la palabra dada, los funcionarios de todas las cárceles van a recordar a su Ministro Grande Marlaska y a su Secretario General Ángel Luis Ortiz que la discreción y confidencialidad que se exige al colectivo no lleva aparejada una multiplicación de tareas sin derecho a queja, el aparcamiento en el rincón de los trastos del ministerio ni padecer monumentales desprecios de dos señores que consta que han sido jueces.
     
Porque quiero y respeto al amigo, le he vuelto a recordar lo que a mí me parecen sus cuitas, que serían menos si alguien, por supuesto con talento y sobre todo con mesura y conocimiento, las aireara por las teles y las radios, porque a mí me parece que ni siquiera su Ministro y su Secretario General saben del extraordinario aumento de orates de nacimiento y a los que las pastillas les han quemado sesos y neuronas -“loquitos”, les dicen ellos-, que cometen delitos muy graves y que es a ellos, a los funcionarios de prisiones, a quien corresponde vigilar que se tomen el tratamiento y detectar el mínimo asomo de un brote -psicótico o esquizofrénico- que puede ser, de nuevo, asesino. ¡Ay del funcionario que llega tarde a separar a un “loquito” de otro! ¿Y si un interno se ahorca a las cuatro de la mañana porque le ha dejado la mujer? Un inspector llegará a descartar la femenil responsabilidad e intentará adjudicársela al imprudente sujeto que cabeceó durante la guardia. El preso suicida es un quebradero -¡no está pagado!, dicen los que se lo encuentran en el recuento, y me acuerdo de un tal Manolo de Priego- del que no se sale en dos o tres años hasta que la Inspección cierra el expediente.
     
Los funcionarios de prisiones en los 80  estaban encuadrados en el Ministerio de Justicia y allí se les tenía como una estirpe de mártires a los que se pagaba un poco más por tener que tratar con etarras, el sida de los yonquis, los motines de los FIES, etc. A un lumbreras se le ocurrió trasladarlos a Interior con las Fuerzas de Seguridad, siendo el arma del  funcionario un bolígrafo en un patio con 150 internos como poco, a los que controla desde un temple y una profesionalidad pagada como si fuera el bedel del cuartel de la Policía Municipal de la ciudad en que vive. 
      
En la negociación de este punto, el del sueldo a percibir, andaban mis amigos con Ángel Yuste, el eterno responsable de prisiones con PP y PSOE, excepto el período de doña Gallizo, una excéntrica salvedad de la que no se puede hacer comentarios de acuerdo con la corrección política. Comparados los sueldos de Interior con los de la Generalidad de Cataluña, a todos los españoles les pareció justo un desagravio y el Gobierno se dispuso “a desfacer el injusto”, pero “héte aquí” que de los “boquis”, aparcados como digo en el cuarto de los trastos, no se “fizo asunto”, cosa que al gremio incomodó como podemos imaginar.

     Tras varias peripecias, el señor Ángel Luis Ortiz, Secretario General de II PP, reunió hace unos días y casi por sorpresa a los sindicatos de prisiones y les ofreció una subida de unos trescientos euros en tres años, siendo la del primer año de ciento y poco. Cuando a las pocas horas las distintas secciones empezaron a digerir la propuesta y a sacar pecho ante los afiliados, resultó que no. Que de lo dicho, nada. Que ese dinero está para otras cosas. Para la reproducción de la víbora de cuernitos, la enseñanza del español en el cuerno de África o la construcción de no sé cuántos pasadizos para que los linces no crucen la carretera en la sierra Madrona.

      “Es lo que hay”, dicen los sindicalistas que les dijeron.
       
A partir de mañana van a salir en la tele y les juro que tienen razón en lo que dicen.