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sábado, 20 de febrero de 2016

La Habana

Virgilio Piñera


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Obama se va a La Habana, La Habana para un presidente “difunto”.

En Cuba siempre había un amigo que conocía a otro amigo que venía a salvarte –decía Néstor Almendros.
Phidel Kastro hizo suyo el dicho, y tira de Bergoglio, que conoce a Obama, que viene a salvarlo, pues Obama ya sólo trabaja para la Wikipedia, que es la enciclopedia donde abrevan los progres.
Obama se mueve en la política como Woody Allen en el cine (adular a los europeos, por los bolos), porque Obama, además, padece ese complejo que ya afeaba Tom Paine en los americanos que tenían un concepto de Europa más alto del que ésta se merece. Para él, señorito sólo es el europeo, y por eso en Viena pide perdón “por no hablar austriaco”.

En La Habana no le va a hacer falta hablar, porque por él ya hablarán los hermanos Castro, aunque, si porfía, igual le dejan decir lo que dijo en Kenia contra la homofobia, y de paso, contra el racismo.

No somos latinos. Somos más que latinos. Somos afrolatinoamericanos –relinchaba el Caballo (mitad gallego, mitad libanés) en los tiempos en que ramoneaba militarmente por África.
Negarle la salida de Cuba a los negros fue primera medida del “afrolatinoamericano” que sustituyó al “negro Batista”. No los quería saliendo de la isla… ni entrando en el gobierno.

A Manny Pacquiao lo han echado de Nike por opinar del homosexualismo lo mismo que el Ché, que acabó dando nombre a una boutique de South Kensington en el Londres donde Cabrera Infante vivía exiliado.

El presidente de Kenya, Uhuru Kenyatta, podía obsequiar a Obama con una copia de “Conducta impropia”, el documental de Néstor Almendros, el español con cara de lenguado que supo ser cubano, sobre la caza de brujas sexuales en la Cuba castrista, con sus campos UMAP para homosexuales.

Tú tenías un gran pie y el tacón jorobado –habría que decirle a Obama con verso de Virgilio Piñera, genio habanero que en La Habana machista de la Revolución dijo: “Los hombres de verdad no leen libros”.