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lunes, 22 de febrero de 2016

En la muerte de Nando Yosu


La curva en El Sardinero

Francisco Javier Gómez Izquierdo


      Felipe Evaristo, cuyo nombre nada tiene que ver con protagonistas de telenovela venezolana o descendencia de aristocracia rural,  es un joven cordobés aficionado al fútbol al que le gusta que los veteranos de otras geografías le hablemos de jugadores antiguos. Felipe mira mucho el móvil y hace unos días leyó por ahí que Nando Yosu estaba muy malito, y como es un tanto sentimental y de natural enamoradizo, que no sé cuántas novias nos lleva presentadas para lo joven que es, me insinuó que hiciera por homenajearle en vida con unas letras. Fue ponerlo en los “guasás” esos para que mi chico me lo dijera y el pobre Yosu fallecer.

     A Nando Yosu yo siempre le he tenido como el Molowny del Rácing, pero con el carisma del Luis Aragonés en el Atleti. Creo que fue el último julio que estuve en Éibar (2014) cuando pintaron su retrato en una curva de El Sardinero a la que a petición de una peña se ha bautizado con su nombre: Curva Nando Yosu. En la tele vasca daban la noticia de un vizcaíno, pero hablaba el hijo, el entrenador Fernández y el ex futbolista Sañudo con mucho sentimiento por que el racinguismo homenajeara en vida al mito, y es que Nando Yosu es en Santander más que, un poner, Gento o Santillana
     
Nando Yosu fue futbolista notable que alcanzó gloria en el Valencia a principios de los 60 pero empezó a jugar en Cantabria y en Cantabria colgó las botas. Concretamente en la Gimnástica de Torrelavega, donde como Unay Emery en el Lorca pasó de centrocampista a entrenador. Al poco volvió a su Rácing para llevar los juveniles y acabó haciendo tándem con Maguregui en el banquillo. Ya saben: “somos peores, pero tenemos mas coj...”. “La mejor dieta, chuletones y vino”... y aquellas cosas de un Maguregui refractario a las modernidades tácticas de la época. “Tenemos que salir al 0-0 porque somos inferiores y somos capaces de colar un gol de la manera más tonta.”  Más o menos de esta guisa y con estos principios empezó Nando Yosu a entrenar, y si hemos de ser sinceros no le fue demasiado bien cuando fichó por equipos tales como Oviedo, Granada, Linares, Alavés...  Su sitio estaba en Santander, territorio conocido y donde se encontraba suelto para ver fútbol cadete y juvenil.  No sé los cargos que ocupó en el club, pero creo fueron muchos -”en el organigrama..” pone en interné-, pero pasará a la historia blanquiverde por ser el santo al que se encomendaba Cantabria cuando los resultados no acompañaban en Primera.

    Sus tácticas divinas,  comenzaron en la temporada 95/96 en la que tuvo que sustituir a su buen amigo Vicente Miera, que no olvidemos se lo llevó de ayudante a la Selección. A los dos años enderezó el mal camino que llevaba el equipo con Marcos Alonso. Contaba Nando en una entrevista del Don Balón que él decía a los jugadores lo justo y necesario. Que no le gustaba calentarles mucho la cabeza. También decía que era incierta su fama de hombre de mal genio y que invitaba al periodista a preguntar a cualquier jugador que hubiera tenido a sus órdenes. Ahí le hice alma gemela de Luis Aragonés.

    Felipe Evaristo comenzó a saber de Nando Yosu cuando hace diez años el entrenador arregló lo que Lucas Alcaraz tenía desbaratado. En aquel Rácing jugaba el elegante Pierini, que se convertiría en un símbolo del cordobesismo, y de allí nos llegó también Txiki, un extremo izquierdo que marcó un gol que dio la vuelta al mundo. Al año siguiente, 2006,  tocó enmendarle la plana a su gran amigo Manolo Preciado, a quien tan duro golpeó la vida, y en las cuatro últimas jornadas consiguió revivir un moribundo. Todos estos milagros los agradecía Nando Yosu, un hombre de fe, a la virgen románica de Valvanuz en uno de esos santuarios idílicos que tanto gustan a los que somos de pueblo.
      
Cuando descendiera a Segunda División hace cinco años con el follón del indio rico al que le abrían  las tiendas en domingo, el Rácing enfermó de consideración, como al parecer Nando Yosu, al que el Alzheimer ya le iba minando por entonces la entereza y el entendimiento.

       A mí, Nando Yosu siempre  me pareció lo que creo ha sido, un hombre de club, serio y formal en el que confiar, al que no es conveniente estrujar como inútil esponja. No deja de llamar la atención el hecho de que acabara las temporadas salvando al equipo y se contratara un nuevo entrenador para la siguiente, pero creo que la respuesta estaba en el mismo Yosu, que no quería ser incómodo ni para la directiva ni para el racinguismo.

      Una circunstancia que me descolocaba un poco, teniendo en cuenta su cara antigua y su fútbol testosterónico, era su manía de engominar y repeinar el pelo como un cantante de tangos. Así está dibujado en la curva de El Sardinero y me parece a mí que con indiscutible acierto.

      Descanse en paz, Fernando Trío Zabala.